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El oscuro futuro de la educación

Escrito por: Manuela Aguilera
Noviembre - Diciembre 2012

La educación está directamente comprometida en esta crisis y, una de dos, o contribuye a generar caminos para salir de ella, o puede ser el elemento que más y mejor contribuya a que la crisis deje una huella de inequidad de la que nos costará salir décadas. Si no se aprovecha la crisis para replantearse el tipo de sociedad que queremos y el tipo de educación que necesitamos para lograrla, se pierde una oportunidad de efectos devastadores. La educación es cosa de todos porque en todas partes se educa: no sólo se educa en la escuela, sino también en la familia, los medios de comunicación, las relaciones cotidianas, las empresas, la sociedad en su conjunto. Una sociedad comprometida con la educación genera una cultura de la curiosidad, del pensamiento crítico, del conocimiento, de la sensibilidad artística, de la transparencia ética.

Un profesor amigo me comentaba "la educación en España, ahora mismo, es un problemón". Pues sí, –pensé yo– seguro que lo es..., con una tasa de abandono escolar del 28%, ciertamente España tiene un serio problema educativo. Pero a los problemas, mientras nos sea posible, hay que cogerlos por los cuernos, estudiarlos seriamente, averiguar su peso y su tamaño y luego oponérseles con energía y confianza. Si tras nuestros esfuerzos nos aplastan, ¿qué le vamos a hacer? Pero darnos por aplastados de antemano, ni por un segundo debemos contemplarlo.

Algunas aristas del problema son bien conocidas: con la excusa del control del déficit se están dinamitando las bases de una educación de calidad orientada a la justicia social; han disminuido casi 100.000 docentes en toda España y en todos los niveles; se han incrementado las horas lectivas del profesorado desde la etapa infantil hasta la universidad; ha crecido el número estudiantes por aula un 20%; prácticamente se han eliminado las ayudas educativas dirigidas a las familias con mayores dificultades económicas: adiós a las ayudas al comedor, a los libros de texto, al transporte escolar; han subido el precio de las escuelas infantiles y de las matriculas universitarias; podríamos seguir... En un futuro próximo, tener estudios más allá de los obligatorios empezará a ser un lujo que no todos se podrán permitir.

¿Hacia dónde va la educación? ¿Qué será en el futuro? No lo sabemos. Lo que importa es cómo está siendo en el presente porque lo que éste tiene de positivo o negativo es el capital de partida para el tiempo que está por venir. Empecemos por preguntarnos en qué situación se halla el derecho a la educación en nuestro país, y en qué condiciones de igualdad se disfruta ese derecho. 

En torno a la educación, se ha ido generando una cultura según la cual entendemos que educar es mucho más que enseñar, que la educación debe estar orientada a la formación integral de la persona, que el conocimiento nutre nuestras capacidades, orienta nuestras actitudes y nuestros valores. En definitiva, consideramos que adquiriendo conocimiento ganamos en dignidad. Pero parece que estas ideas van perdiendo valor en el presente a favor de una ideología obsesionada por la eficacia, que presenta al mercado como el mecanismo regulador de la educación de calidad por su obsesión en orientar la educación al mercado laboral.

El futuro de la educación va a depender decisivamente de cómo respondamos a los cambios que están originando las nuevas tecnologías de la información fuera de las escuelas. La existencia de una tecnología que pone a nuestro alcance un mundo casi infinito de información tendrá, tiene ya, consecuencias obvias: los espacios escolares perderán vigencia; el tiempo escolar no será ya el único; el profesor no será el mediador dominante del saber; cambiará el sentido de los libros de texto; y el derecho a la educación en el futuro será también el derecho al acceso a la información.

La educación, no lo olvidemos, no un es derecho puntual sino un derecho continuado; no un privilegio sino un aprendizaje; no una imposición sino algo que crece de abajo a arriba y de dentro a fuera, no un bien que se defiende por la fuerza sino por el convencimiento de todos; no una improvisación sino un camino de dudas; no un bien que se adquiere con dinero sino con la constancia; no algo poseído sino asimilado; no algo sobrevenido sino esencial. ©


Manuela Aguilera

Directora de la revista Crítica


 

Hacía dónde va la educación

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Número que analiza el estado de nuestro sistema educativo actual, así como abre una serie de interrogantes en torno a la metodología, los retos de los nuevos educadores, los nuevos entornos y tecnologías, el éxito en el aprendizaje, formación y retos del profesor del futuro, entre otros.


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