18Septiembre2019

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El futuro ha comenzado

Escrito por: Manuela Aguilera
Enero - Febrero 2009

Vivimos en un mundo extremadamente intercomunicado, inmersos en una inmensa maraña de datos. La información –y, en general, el conocimiento– ha dejado de ser privativo de unos pocos. La creciente difusión y consolidación de las tecnologías de la información las han convertido en infraestructuras básicas para la organización de nuestra vida en aspectos tan esenciales como la sociabilidad, el trabajo, el entretenimiento, las necesidades personales, etc. Ellas están presentes en nuestra cotidianeidad de tal forma que en la actualidad el grado de difusión de ordenadores y teléfonos móviles en el conjunto de España supone el 60% y el 91% respectivamente y en la Comunidad Europea en torno al 56% y el 82%.

Recordarán que hace tan sólo unos meses miles de personas se arremolinaban en torno a las tiendas especializadas para poder comprarse un iPhone (el móvil más reciente y completo de la historia de la telefonía, que duplica la velocidad de navegación por Internet, reproduce música mejor que un ipod, con GPS incorporado, se conecta a redes Wi-fi, tiene un software 2.0… y cien mil cosas más…) Yo me pasé por alguna de aquellas interminables colas sólo para ver qué tipo de personas son capaces de dormir tres días en la calle por obtener un aparatito tecnológico que le mantendrá permanente conectado a lo que quiera y cuando quiera. Casi en su totalidad eran jóvenes. Representantes de eso que se ha venido llamando “la generación red”. Para los jóvenes los nuevos espacios digitales son su líquido amniótico, son capaces de procesar ingentes cantidades de información con una inusitada rapidez y la Red es el nuevo útero donde desarrollar su identidad. Encuentran natural el uso del ordenador, del e-mail, de la televisión digital, de los videojuegos y, sobre todo, de Internet, ese mundo paralelo (con sus chats, MSN, SMS, blogs, fotologs, comunidades virtuales, etc.). Castell habla del término tecnosocialidad, para señalar que las tecnologías de la comunicación no son sólo herramientas o dispositivos electrónicos, sino “contextos, condiciones ambientales que hacen posible nuevas maneras de ser”. En innegable que la tarea educativa o de acercamiento a los más jóvenes, si quiere ser eficaz, tiene que confrontarse y dejarse interpelar por estos nuevos espacios y nuevas formas de relacionarse.

Nadie pudo prever que en apenas quince años Internet pudiera crecer, desarrollarse, universalizarse de esta forma. Los expertos dicen que se necesitaron treinta y ocho años para conseguir que la radio alcanzase los cincuenta millones de usuarios, con la televisión el proceso fue más rápido, sólo se necesitaron trece años, con Internet únicamente se han necesitado cinco para superar dicha cifra.

Si hace unos años la pantalla del televisor era la que más horas nos robaba al día, ahora es la pantalla del ordenador la que usamos para leer noticias, revisar el correo, ver vídeos, escuchar música, consultar enciclopedias, conversar por teléfono o escribir blogs. En definitiva, la Red filtra gran parte de nuestro acceso a la realidad. El cerebro humano se adapta a cada nuevo cambio e Internet supone uno sin precedentes. ¿Cuál va a ser su influencia? Los expertos están divididos. Para unos, podría disminuir la capacidad de leer y pensar en profundidad. Para otros, la tecnología se combinará en un futuro próximo con el cerebro para aumentar exponencialmente la capacidad intelectual. Internet ha cambiado tanto nuestro entorno como en su momento lo cambió el descubrimiento de América, la invención de la imprenta o la revolución industrial.

El monográfico que tiene entre sus manos trata de analizar las cuestiones que nos plantea el desarrollo imparable de Internet y de cómo podemos aprovechar este globo sin fronteras para construir una sociedad, una economía, una política, unas relaciones sociales e interacciones personales más humanas y más justas. La alfabetización tecnológica de las generaciones futuras no puede por ello limitarse a un mero adiestramiento técnico, sino empeñarse en la formación de la responsabilidad y el sentido crítico. Aunque para ello haya aún mucha tela que cortar. ©


Manuela Aguilera

Directora de la revista Crítica


 

 

Enredados en la red

Enredados en la red

Más que un fenómeno tecnológico. Internet: un motor de creación de metáforas; Futuro de Internet; Identidades en construcción ¿Cómo nos reinventamos en la fábrica de sueños?; Adicción a Internet en los jóvenes; Democracia recargada: En la Red se puede... éstos y otros son los artículos de "Enredados en la Red".


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