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SIDA, miedo en las venas

Escrito por: Manuela Aguilera
Abril - Mayo 2008

El 5 de junio de 1981, el centro de control de Enfermedades de Atlanta, Estados Unidos, publicó un escueto artículo de página y media en el que por primera vez se hacía referencia a una extraña enfermedad que más tarde sería conocida como Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), nada hacía presagiar que aquello era el inicio de una de las pandemias más terribles y devastadoras de la Historia de la Humanidad. En 1983 se identificó el agente causante de la enfermedad: un virus mortal que se transmitía por el intercambio de fluidos corporales y que era capaz de destruir el sistema inmunológico del ser humano anulando su capacidad de defensa ante las enfermedades.

Desde entonces hasta hoy, el virus ha causado la muerte a más de 25 millones de personas en el mundo. Y, en este momento, 34 millones padecen la enfermedad en los cinco continentes.

El SIDA no tiene cura, pero gracias a los antirretrovirales muchos expertos aseguran que se ha convertido en una enfermedad crónica como tantas otras. En el primer mundo claro está. Sin embargo, esta enfermedad dista mucho de estar resuelta; al atacar al sistema inmunológico, sistema que nos protege de las enfermedades infecciosas, perdemos toda capacidad para defendernos y sobrevivir. La peste negra, el paludismo, la viruela y otras enfermedades que han causado estragos enormemente graves entre la población a través de la historia, podían matar, pero tarde o temprano el sistema inmunitario hacía su trabajo. Por otra parte, lo más sangrante del SIDA es que pone de manifiesto hasta qué punto la producción y el mantenimiento de enfermedades en el mundo se alimenta de la pobreza. El SIDA es hoy la primera causa de mortalidad en el continente africano, donde sólo un 12% de aquellos que padecen la enfermedad tiene acceso al tratamiento y donde el VIH/SIDA incide con especial virulencia en la población comprendida entre los 15 y los 49 años, dejando tras de sí emergencias alimentarias que afectan a más de 14 millones de personas ya que han muerto más de 7 millones de agricultores y en los próximos años pueden fallecer otros 16 millones. Deja las escuelas vacías, deja a las familias destruidas (en 3 años el número niños huérfanos superará los 25 millones). Dramático rastro que está acabando con más de 50 años de desarrollo económico y social.

Pero si hay un colectivo que sufre especialmente el azote de esta enfermedad son las mujeres. La edad de mayor incidencia de la infección es la comprendida entre los 15 y los 24 años, con una proporción de dos mujeres por cada hombre en este grupo de edad. La vía de transmisión a las mujeres es mayoritariamente la relación heterosexual (estudios realizados en países en vías de desarrollo demuestran que el contagio del VIH poco tiene que ver con relaciones homosexuales. Sólo uno de cada diez casos se debe a relaciones sexuales entre varones. Y de estos casos muchos se dan en relaciones abusivas: sexo forzado en la cárcel o abusos de adultos contra niños). “La cruda realidad –dice la OMS– es que la dependencia sexual y económica de las mujeres alimenta esta pandemia”. Datos como los citados llevan a la conclusión de que es el varón quien alimenta la expansión de la enfermedad, sobre todo en los países donde existe mayor desigualdad entre sexos. Por esta razón, la pregunta que se formulan los investigadores sociales y sanitarios es cómo conquistar la mente de éstos para cambiar sus costumbres.

El temor a perder la masculinidad pone a muchos hombres en riesgo de contraer el VIH. Entre muchos jóvenes brasileños, por ejemplo, existe la creencia que los hombres de verdad no enferman de SIDA y que cualquier medida de prevención –lo que incluye el uso de profilácticos– es un signo de debilidad. Y eso no es todo. En un reciente estudio elaborado en Bangladesh se descubrió que sólo un 10% de los hombres sabía qué era el SIDA.

El SIDA sigue bien presente en nuestra sociedad, ignorarlo, mirar para otro lado o simplemente pensar que sólo afecta a “otros” es su mejor arma para seguir actuando. ©


Manuela Aguilera

Directora de la revista Crítica


 

 

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Número que tratará de esclarecer aspectos sobre la infección por VIH y la enfermedad del SIDA, para ello contaremos con firmas como las de: Ignacio Maria Arrieta Algarra, doctor en medicina, especialista en inmunología, Ismael Iván Teomiro García, psicólogo, especialista en psicología clínica y cognitiva, Daniela Rojas Castro, psicóloga de la Fundación Triángulo, entre otras muchas otras.


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