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La difícil tarea de crear sueños

Escrito por: Manuela Aguilera
Mayo - agosto 2014

¿Para qué sirve la utopía?
Para caminar
(Eduardo Galeano)

¿Por qué se ha decidido esta revista a hacer un monográfico sobre las utopías de hoy, y, además, doble? Ciertamente, nuestra pobrísima realidad no deja espacio para muchos sueños. Hemos extraviado nuestras antiguas búsquedas, esas que alimentaban nuestra esperanza, por certezas que nos hacen llegar rápido a donde quiera vayamos. Nada de perder el tiempo en tanteos, exploraciones, riesgos, experimentos, ni rebeldías…

¿Soñar utopías en medio de una sociedad de vidas excluidas del festín que sólo disfrutan unos pocos? La sociedad que hemos construido está llena de vidas truncadas por el absurdo egoísmo humano. Todos somos parte de la herida. Miro a mi alrededor y veo el drama de millones de parados, muchos muy cercanos. Quizá la parte más abultada del traumatismo social que vive España. Ocultos de la mirada mediática a través de las cifras enmascaradas que da el gobierno.

Miro a los miles de jóvenes que han emigrado obligados y hundidos tras años de figurar como un número más en las listas del INEM. Contemplo el desgarro de millones de personas desesperadas. El fin de la esperanza y de la fe para muchos. La mentira de ese futuro que nos vendieron: “estudia, trabaja, esfuérzate y podrás tener la vida que sueñes”… Sueños rotos, al fin.

Miro a mi alrededor y veo a personas en la calle, desahuciadas de sus casas. Una de las mayores expresiones de injusticia social que hoy podemos contemplar. Estampa que se repite cada día tan solo con encender el televisor: policías agrediendo a los pocos activistas que acuden a intentar parar tamaña inmoralidad y atropello, sacando a empujones a familias enteras de sus hogares, independientemente de si son ancianos, discapacitados o niños. Entregando esa casa a sus “legítimos” dueños, es decir, a cualquiera de los bancos que operan al más puro estilo mafioso. Ni políticos, ni bancos sienten el menor remordimiento y mucho menos piedad. Vidas, desde ese momento, rotas y dejadas atrás.

Miro y veo a mi alrededor a miles de personas dependientes, ¡mi propio padre lo fue!, a los que este sistema condena al ostracismo junto a sus familias impotentes, que soportan estoicamente el olvido de la administración y la mentira de una ley de dependencia inexistente. Muy lejos quedan las promesas electorales de uno y otro bando. Muy lejos la memoria de mosquito de una sociedad cobarde que prefiere mirar hacia otro lado y dejar a los más necesitados solos. Miro y veo cada día a cientos de jubilados e inmigrantes revolviendo en la basura de los supermercados de mi barrio… ¿De qué recuperación económica hablan nuestros gobernantes? ¿Cómo se verían ellos cuidando a un hijo discapacitado con tan solo 400 euros en su bolsillo?

Y a aquellos que aún vivimos inmersos e “incluidos” en el sistema, la globalización que nos envuelve se encarga de vendernos que cuanto más produzca y consuma el individuo más feliz será. ¡Vaya porquería de paraíso!

En medio de un presente que se hace cada vez más intolerable, los/as que hacemos esta revista creemos aún en la fuerza movilizadora de las utopías. El concepto de utopía, expresado de una u otra forma es sencillo: crear un mundo perfecto, dar con un sistema donde todo funcione, nutrirnos de unos ideales que nos hagan felices. Desde la antigüedad el ser humano se ha dedicado con empeño a esta tarea, ha soñado utopías y ha dedicado tiempo a ponerlas en práctica. Pero con el tiempo, el imaginario que se ha ido instalando en el mundo ha desechado lo que ha sido un elemento constitutivo hasta ahora en la historia de la humanidad: la capacidad de soñar con un mundo distinto y mejor del que hemos sido capaces hasta ahora de construir. Lo único que parece interesarnos es huir de la pobreza en dirección a la riqueza, pero casi nunca en dirección a la justicia. Este es el problema. Por favor, no abdiquemos. ©


Manuela Aguilera 

Directora de la revista Crítica


 

 

Utopías del siglo XXI

Utopías del siglo XXI

El monográfico de éste número tratará de definir nuestra meta, aquello hacia lo que nos dirigimos, el motor que mueve el mundo, ese lugar que parece inalcanzable y parece alejarse un paso con cada paso que damos: Las Utopías del siglo XXI. El Ecosocialismo, el feminismo como utopía, las ideologías que abanderan utopías, la educación para todos, los Objetivos del Milenio marcados por la ONU, el movimiento de los indignados basado en otros mundos posibles, la economía sostenible, Movimiento por la Paz, el liberalismo, la utopía de vencer la enfermedad, la belleza y juventud eterna, el perfil de las personalidades utópicas…


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