Revista Crítica

Usted está aquí: Inicio La Revista Monográfico Análisis Alternativas económicas a la crisis actual

Alternativas económicas a la crisis actual

Escrito por: Pedro José Gómez Serrano
Enero - Febrero 2013

La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso. A apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo. 

Benedicto XVI, Caritas in veritate 21

La crisis actual está resultando muy severa en términos de quiebras de empresas, caída de los ingresos de la población, aumento del desempleo y recortes en los servicios públicos. Para los países desarrollados –especialmente los europeos– su profundidad sólo es comparable a la de 1929 si bien, en este caso, la existencia de algunos mecanismos de protección social desarrollados a partir de la II Guerra Mundial han amortiguado parcialmente el deterioro de las condiciones de vida de la población. En España los efectos nocivos de la crisis han sido extraordinarios: unos 6 millones de parados, una caída de los ingresos familiares cercana al 10%, no menos de 250.000 desahucios, un aumento de la desigualdad equivalente a 3 puntos del índice de GINI y un ascenso de la población en riesgo de exclusión que supera ya la cuarta parte del total1.

La magnitud del descalabro económico y la extensión de la indignación ciudadana han hecho pensar a algunos analistas que podríamos estar ante un colapso del sistema económico capitalista y en los albores de un sistema nuevo. A explorar esta hipótesis se destinan las siguientes líneas. Como el futuro es por definición inédito y las ciencias sociales carecen de la capacidad predictiva de las naturales, lo que sigue es sólo una interpretación personal del momento en el que nos encontramos.

¿La crisis actual puede dar lugar a otro sistema económico?

Al poco de desencadenarse la crisis, el entonces presidente francés Nicolas Sarkozy llegó a proclamar la necesidad de “refundar el capitalismo”, habida cuenta los desastrosos resultados obtenidos por la globalización financiera descontrolada. En aquel momento, parecía compartirse el diagnóstico según el cual resultaba imprescindible regular de un modo mucho más riguroso la actividad bancaria y todo el mundo de la llamada ingeniería financiera. Esta convicción se expresó con claridad en la cumbre del G-20 celebrada en Pittsburgh: Nos reunimos en medio de la transición fundamental de la crisis a la recuperación, para dejar atrás una era de irresponsabilidad y adoptar un conjunto de políticas, reglamentos y reformas que se ajusten a las necesidades de la economía global del siglo XXI2.

Sin embargo, la idea de que la lógica económica debía subordinarse a las necesidades sociales y de que los Estados debían someter a las entidades privadas a una control democrático mucho más estricto para hacer prevalecer el bien común sobre los intereses particulares no se ha llevado a efecto. Sorprendentemente, pocos años después de estas proclamas, son los gobiernos quienes, endeudados por haber practicado ingentes rescates bancarios e intentado mantener la actividad económica en un entorno recesivo, se encuentran sometidos al enorme poder de los mercados financieros internacionales. En los casos de países como Grecia, Irlanda, Portugal o España, los recortes fomentados por las instituciones comunitarias o el FMI, han conducido a una aguda pérdida de bienestar.

Pues bien, no creo que estemos asistiendo al inicio del fin del capitalismo por varios motivos. En primer lugar, a pesar del deterioro que experimentamos en Europa y, en menor medida, en Estados Unidos, el capitalismo se está expandiendo con fuerza en todo el mundo, especialmente en Asia y en el conjunto de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). En segundo término, los poderes económico- financieros transnacionales –lo que eufemísticamente llamamos “los mercados”– parecen estar haciendo prevalecer sus intereses por encima de los del conjunto de la población ante los gobiernos de todo el mundo y los organismos internacionales. En tercer lugar, carecemos de una alternativa teórica global al capitalismo, dado que los defectos de un sistema de tipo soviético son obvios en términos éticos, políticos y económicos. Por último, no existe un movimiento social alternativo al capitalismo tan amplio y articulado como para amenazar su hegemonía.

Sin duda la crisis ha puesto en evidencia los límites sociales y políticos del capitalismo, pero no parece haber activado su final. La indudable pérdida de legitimación del capitalismo financiero no implica necesariamente la emergencia de un paradigma que lo sustituya.

Con todo, algo se está moviendo

Asistimos a un momento histórico apasionante en el que pugnan con fuerza dos tendencias antagónicas. Por una parte, en nuestro entorno existe la amenaza real de experimentar un retroceso en el desarrollo social de décadas: el paro se cronifica, los salarios están cayendo, las condiciones de trabajo se degradan, se cuestiona la sostenibilidad del Estado de Bienestar y crece la polarización. En un contexto marcado por la pujanza de las economías emergentes que está reconfigurando de un modo radical la estructura económica mundial y sus polos de crecimiento, se repite una y otra vez en los foros nacionales e internacionales el mantra de la persecución a toda costa de una mayor competitividad, sometiendo las necesidades sociales y los derechos de los ciudadanos a los imperativos de la globalización.

Pero, al mismo tiempo, tanto en el Norte como en el Sur están emergiendo multitud de planteamientos teóricos y de prácticas económicas alternativas que siguen una lógica muy distinta a la convencional. Se trata de iniciativas múltiples, heterogéneas y descentralizadas, que ni siquiera son coherentes o compatibles entre sí, pero que tiene por común denominador el deseo de que las personas recuperen su protagonismo en el ámbito económico y no sean considerados meros medios o factores de producción y consumo al servicio de la acumulación y el beneficio.

Es muy posible que el Foro Social Mundial –celebrado por primera vez en Porto Alegre en el año 2001– constituyera el punto de partida de esta gran creatividad social, pero no cabe duda de que la crisis financiera actual y la aparición del movimiento de los “indignados” a escala planetaria han acelerado su desarrollo. Asistimos a un fenómeno novedoso porque no pretende tanto alcanzar el poder para transformar la realidad, sino trabajar simultáneamente en lo micro y en lo macro, en lo estructural y en lo personal, en lo económico y en lo cultural, en la regeneración de la democracia y en la revitalización de la iniciativa social. Este planteamiento poliédrico resulta verdaderamente sugerente. Falta saber si la contestación pacífica y creativa al sistema vigente será capaz de mantener con fuerza su capacidad de movilización.

En definitiva, aunque el sistema como un todo no parece tener recambio a corto plazo, se multiplican sus críticos, a la vez que se consolidan numerosas iniciativas para reformarlo desde dentro. Dada su amplitud me gustaría simplemente enumerar los campos de la creatividad alternativa.

¿Por dónde van los tiros?

Comencemos por recordar que el capitalismo no es un sistema monolítico. Existen muy distintas versiones y no resulta indiferente cuál apoyemos. Por eso, en estos momentos, la primera alternativa consiste en defender los mecanismos correctores de la dinámica mercantil propios del Estado de Bienestar mejorando, en la medida de lo posible, su gestión. Frente al discurso que alimenta el individualismo ciudadano y la privatización económica, es preciso mantener la importancia de garantizar a todos, los bienes básicos de la educación, la sanidad, las pensiones y el apoyo a los grupos sociales vulnerables. Del mismo modo, resulta deseable garantizar las condiciones de trabajo dignas, el respeto al medio ambiente y la redistribución sistemática de la renta y la riqueza, así como la supervisión de las actividades de las grandes empresas cuyo poder de mercado e influencia política pueden ser muy perniciosos3. Con otra voluntad política habría soluciones técnicas a la crisis distintas a las actuales.

En el terreno internacional, el programa de alternativas técnicamente viables es amplio: el incremento de la ayuda oficial al desarrollo; la creación de la Asociación Internacional para el Desarrollo –8º Objetivo de Desarrollo del Milenio, casi olvidado–; la progresiva eliminación de los paraísos fiscales; la instauración de tributos internacionales como la conocida tasa Tobin o el impuesto sobre emisiones de CO2; la regulación más abierta de los flujos migratorios; la redefinición de los mecanismos comerciales de acuerdo a los niveles de desarrollo; el establecimiento de estándares laborales o medioambientales internacionales, etc. Hasta la fecha, el ascenso del G-20 como espacio informal de negociación económica no ha resultado suficientemente eficaz como para reformar las instituciones internacionales y conseguir regular la economía mundial.

Un ámbito emergente que introduce en el entorno económico la cuña de otra lógica es el que se refiere a la producción, el consumo, el ahorro y las inversiones responsables. La preocupación creciente por la banca ética, el comercio justo, la responsabilidad social corporativa, las certificaciones medioambientales y laborales, el consumo consciente, el cooperativismo, las empresas de inserción, los bancos del tiempo o el auge de las entidades sin ánimo de lucro son muestra de esta preocupación por democratizar y moralizar los procesos económicos. Hoy por hoy, se trata de realizaciones de carácter simbólico, pero su capacidad para incidir en la dinámica general del sistema a medio plazo puede ser alta.

En una perspectiva más amplia, cabe sostener que junto a aquello que puede hacer el sector privado y aquello que realiza el sector público, una sociedad es tanto más sana y rica en la medida que la acción colectiva del tercer sector (el altruista) también se fortalece. Recientemente han experimentado un amplio eco planteamientos como los de la “Economía de comunión”4 impulsado por el movimiento de los Focolares, la economía altruista5, el centro italiano “Nuevo Modelo de Desarrollo”6 la “Economía del don”, propia de muchas culturas tradicionales, o la “Economía del Bien común” 7. Todas ellas comparten dos premisas: que el ser humano real es mucho más complejo y generoso que el egoísta y calculador homo economicus sobre el que ha construido sus teorías la economía convencional neoclásica y que el cuidado del bien común debe prevalecer respecto a los intereses desmesurados de los individuos particulares.

De un modo más radical aparecen el discurso del Decrecimiento (en el Norte) o de la Vida Buena (en el Sur) que introducen la restricción ecológica y pretenden que incorporemos el criterio de suficiencia –frente al del incremento continuo– respecto a aquellas necesidades que se cubren intensivamente con recursos materiales limitados o que impactan en los equilibrios naturales básicos. En este sentido se plantea desmercantilizar ciertas esferas de la vida, vivir de un modo más austero, compartir los bienes o el trabajo disponible. Estos enfoques que no han desarrollado mediaciones operativas globales, actúan como instancias críticas respecto a las patologías más claras de la sociedad de consumo e incitan a cambiar el paradigma mental que nos rodea, volviendo a pensar lo que son medios y lo que son fines.

Para terminar

No le faltaba razón a Benedicto XVI cuando indicaba que: “La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le de un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza.”8 Esto es lo que nos ha ocurrido literalmente y si no somos capaces de transformar el fin de la economía y los procesos a través de los que opera, los desastres no harán sino repetirse de manera recurrente.

La crisis nos coloca en un momento crucial: ¿sufriremos un retroceso hacia formas de capitalismo salvaje e inhumano o avanzaremos hacia un mayor control social de la economía? A mi parecer el futuro dependerá de lo que deseemos hacer en los dos extremos de la vida económica: nuestros valores y actitudes personales –en los que debemos superar el proceso de domesticación que nos ha convertido en consumidores sumisos– y la capacidad de crear unas instituciones nacionales y globales orientadas a garantizar unas condiciones de vida digna a todos los seres humanos. Ambas cosas no llegarán de regalo.©

NOTAS
1. GÓMEZ SERRANO, Pedro José: “Perspectivas de futuro: “Cumbres borrascosas”“, Sal Terrae nº 1.169, 607-621.
2. DECLARACIÓN DE LÍDERES: CUMBRE DE PITTSBURGH, Preámbulo nº 1, 25 septiembre 2009.
3. NAVARRO, Vicenç, TORRES, Juan y GARZÓN, Alberto: Hay alternativas, Sequitur, Madrid 2011.
4. Página web: http://www.edc-online.org/es.html 1. LLUCH FRECHINA, Enrique: Por una economía altruista. PPC, Madrid 2010.
5. Página web: http://www.cnms.it/
6. FELBER, Christian: La economía del bien común, Deusto, 2012.
7. Benedicto XVI: Caritas in veritate, nº 21.


Pedro José Gómez Serrano

Departamento de Economía Internacional y Desarrollo - Universidad Complutense de Madrid


 

 

¿Hay alternativas a la crisis?

¿Hay alternativas a la crisis?

La compleja situación actual de crisis y las posibles alternativas para superarla ocupará el monográfico de nuestro número 983, en el que habrá importantes firmas que tratarán este tema desde distintas perspectivas. A parte de un análisis de la situación, se recoge una mirada hacia el futuro.


Ver revista Descargar Suscribirse

Artículos más leídos

La educación no es neutral

La educación no es neutral

Para transformar la sociedad es necesario formar sujetos críticos y creativos, y...

Consumo y ciudadanía

Consumo y ciudadanía

La ciudadanía no consiste únicamente en tener derechos, sino también...

Como lágrimas en la lluvia

Como lágrimas en la lluvia

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de...

Desde mi teclado

Desde mi teclado

El 93% de los internautas españoles tienen una cuenta activa en al menos una red social....

Crítica cumple 100 años

Crítica cumple 100 años

Hace exactamente 10 años, en el año 2003, yo misma titulaba el editorial de la...

  • La educación no es neutral

    La educación no es neutral

    Martes, 01 Marzo 2011 13:57
  • Consumo y ciudadanía

    Consumo y ciudadanía

    Martes, 01 Julio 2008 11:17
  • Como lágrimas en la lluvia

    Como lágrimas en la lluvia

    Sábado, 01 Marzo 2014 13:54
  • Desde mi teclado

    Desde mi teclado

    Miércoles, 01 Mayo 2013 09:48
  • Crítica cumple 100 años

    Crítica cumple 100 años

    Domingo, 01 Septiembre 2013 00:00

Redes Sociales

Newsletter

Suscríbase a nuestras newsletters para recibir nuestros últimos comunicados
eMail incorrecto