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¿Hay alternativas a la crisis?

Escrito por: Joaquín García Roca
Enero - Febrero 2013

Familias desahuciadas de sus viviendas, jóvenes desempleados en el límite de las relaciones sociales, empresarios y empleados al margen del mundo económico, personas que sobreviven en los Bancos de Alimentos no sólo muestran el poder destructivo de la crisis sino también la densidad de un sufrimiento evitable. Todos ellos se sienten simultáneamente expulsadas por un sistema económico injusto que les ha privado de casa, de trabajo y de porvenir; viven olvidados de la democracia, que es incapaz de garantizar los bienes básicos; y se perciben impotentes ante la magnitud de sus problemas.

Ante el desajuste de todos los sistemas no se sabe a quién ni a dónde dirigirse ni de dónde proceden los males; a veces las gentes orientan su indignación hacia los banqueros, pronto comprenden que los políticos debían haberlos evitado, y en el peor de los casos, se culpabilizan a sí mismos. Todos requieren de una solución rápida, en tiempo corto, pues están en juego las condiciones mismas de la vida personal y colectiva, la supervivencia, la autoestima, la convivencia y la dignidad.

Las alternativas acreditadas ante la crisis son aquellas que gravitan sobre el sufrimiento evitable, gestionan la interconexión de los problemas, afrontan la desestructuración de los sistemas y atienden la urgencia de las necesidades. Si se incumplen estas condiciones, las alternativas o son pura retórica o acaban reforzando la propia crisis ya que dejan de apuntar hacia una nueva política, una nueva cultura y un nuevo modo de vivir.

El sufrimiento evitable

Las alternativas dan prioridad a la eliminación del sufrimiento concreto que hiere y ofende. A los complacientes que no ven motivos de indignación –“hacemos lo que hay que hacer”–, a los inactivos que no son capaces de moverse, –“lo que podemos hacer, dicen, es insignificante”–, a los idealistas que desprecian la acción real porque no logran instituciones perfectamente justas “las verdaderas injusticias son otras”… no se les espera en el mundo de las alternativas.

Las salidas hegemónicas a la crisis están centradas en la gestión de los intereses, ya sea para equilibrar la deuda, sanear los bancos, legitimar una opción política o impedir la quiebra de la cohesión social. Según ellos, el sufrimiento de hoy resulta inevitable porque alumbrará una nueva organización social y los gemidos de hoy anunciarán un tiempo mejor. Las alternativas, por el contrario, trascurren desde la centralidad de las personas de carne y hueso e intentan superar el sufrimiento evitable, que se resiste a ser un simple engranaje económico; esta centralidad se asienta sobre la refundación moral de la economía y de la política; ya se atienda a los empobrecidos y desahuciados a sobrevivir dignamente, o se alivien las carencias de los orillados, ya se promuevan sus capacidades o se defiendan sus derechos, gravitan sobre la justicia social.

Reinicio del sistema

Las interpretaciones hegemónicas atribuyen la crisis a la irrupción de contingencias imprevistas, a disfunciones espontáneas, a despistes de la mano invisible que han roto el equilibrio del sistema capitalista. Proponen pues hacer ajustes, ya que el sistema alberga dentro de sí capacidades para su renovación. El mundo de las alternativas, por el contrario, reconoce el carácter sistémico de la crisis, financiera, económica, alimentaria, ecológica y cultural. Cree que tan engañoso es pensar que estamos ante una simple disfunción del sistema como creer que el capitalismo está abocado inexorablemente al desplome bajo el peso de sus propias contradicciones. Ambos impiden las alternativas ya que no se contraen responsabilidades y siempre la sociedad acabará solucionando el problema.

Las alternativas, a pequeña escala, recrean la propia organización económica que ya no se entiende desde la maximización de las ganancias sino desde la reproducción de la vida humana, desde las capacidades sociales. La otra economía, que se alumbra en las alternativas solidarias, postula el sometimiento de la economía a las decisiones políticas, amplía las deliberaciones y el control ciudadano, favorece la auto-realización en el trabajo, en la creatividad, en la colaboración y en la gestión democrática. Las personas dejan de cambiar de casa o de coche o de lavadora para comprar una más grande, más potente o más rápida, abandonan la sociedad-casino para alumbrar avenidas de solidaridad que apuntan germinalmente a una nueva civilización.

Recrear la solidaridad civil

Resulta admirable el potencial humanitario que se ha despertado en la crisis. No sobran empresarios que hagan donativos, siempre que no reduzcan de manera inmisericorde el personal de sus empresas; ni sobran ciudadanos que regalen comida a los Bancos de alimentos, siempre que no escatimen la fiscalidad individual. No habrá salida a la crisis si al tiempo que se organiza un festival benéfico televisado, se aplauden reformas laborales injustas; si al tiempo que se llevan las ropas sobrantes a los roperos parroquiales, se consiente en la humillación de su asistente domiciliaria.

El mundo de las alternativas pone en jaque cualquier medida parcial, fragmentada y epidérmica, aunque con ella se asista puntualmente a un enfermo, se provoque compasión ante un parado o se logre retrasar por unos días un desahucio. La solidaridad actual desborda lo fragmentario y lo sectorial para acometer los procesos económicos, políticos y culturales que orillan a grupos humanos, destruyen los contextos vitales y fragilizan los dinamismos vitales. La solidaridad se despliega al modo de las células madre pluripotenciales que regeneran los tejidos muertos, activan las funciones afectadas y recrean los órganos dañados. Lo muestran las alternativas solidarias que fomentan el empleo, reducen la creciente brecha social, ceden la vivienda inutilizada, renuncian a prerrogativas fiscales, comparten el salario o la pensión, apuestan por la banca ética, acompañan al desahuciado, y defienden un derecho a riesgo incluso de propia integridad física.

Rehacer la solidaridad institucional

Las fuerzas globales y el capital especulativo, que buscan beneficios a corto plazo, han golpeado gravemente los derechos asociados a la ciudadanía y han desafiado la autoridad del Estado para garantizarlos. En su ayuda, la ideología liberal ha intentado, con éxito, presentar la responsabilidad del estado y la universalización de los derechos como parte del problema; potentes construcciones ideológicas erosionan la cultura de la protección pública y de los derechos ciudadanos para que no prevalezca sobre los mercados.

Para afrontar los apremios del desamparo, la enfermedad, la ignorancia, el abandono o la discapacidad se crearon los pactos de solidaridad institucional y los sistemas públicos de protección y fomento, como despliegue de los derechos de ciudadanía. El mundo de las alternativas se propone fortalecer la institución de la ciudadanía al hermanar la solidaridad con la justicia mediante la vigilancia de los incumplimientos de las Administraciones públicas, mediante la defensa con mudanzas de los derechos a la salud, a la educación, a la vivienda, al empleo, al crédito. Gracias a esta presión se ha popularizado la convicción que el Estado tiene más razones para proteger los bienes comunes que para fomentar Ciudades del Ocio o realizar desfiles militares. Crean plataformas frente a la movilidad del capital financiero, para impedir las desigualdades locales y mundiales; luchan por socializar el patrimonio de la humanidad: la tierra, el agua, la vivienda, la salud, la educación, el trabajo, la comunicación, la justicia; proponen nuevas formas de gobernabilidad centradas en la participación activa de las poblaciones y en la construcción de una ciudadanía inclusiva y mundial para que la realización de los derechos supere el ámbito nacional.

Tutores de conexiones

Las alternativas acreditadas están recreando la propia lógica de lo social para abordar la transversalidad de las necesidades, la intersección de los problemas y la imbricación entre la economía y la política, entre la cultura y la ética, entre lo material y lo simbólico, entre lo local y lo global; son zonas fronterizas en las que interactúan las necesidades, la autoestima es tan importante como las condiciones de vida, la educación es tan decisiva como la deuda externa, y los estilos de vida son más decisivos que la prima de riesgo.

Para ello se desarticulan los saberes particulares, se fomenta el desarrollo comunitario, se propugnan alianzas entre los actores sociales y se favorecen un cambio de domicilio mental y cordial. Especial importancia tienen las iniciativas culturales y educativas que construyen personalidades solidarias para un mundo único, interdependiente y desigual, que nace hipotecado por las exigencias de la modernización y la mercantilización de los bienes comunes. Combaten el universo de medios, que nos ha rodeado de instrumentos pero ha secuestrado los fines. Cuando sólo interesa el euro (medio) sin que importe la movilidad de las personas (fin), cuando interesa más el empleo (medio) que la realización de la persona (fin), cuando interesa más la austeridad o el crecimiento

(medios) que el bien-ser (fin) acabamos secuestrados por los intereses del mercado. Cuando un Banco de Alimentos ofrece pan sin conversación y sin reconocimiento mutuo, puede aligerar el hambre pero no será una alternativa a la crisis. Sucederá como a La hija del Rey Renato de Henrik Hertz, que nació ciega: para hacerle feliz su padre la rodea de flores, de vegetación y de sonidos agradables, pero prohibe que nadie en su presencia hable de belleza, de verdad, de luz. Llora sin saber por qué. “Necesito algo, dice, pero ¿qué? No lo sé”. La crisis actual es más que económica, produce una sociedad sin aliento que empobrece la experiencia humana, nos adentra en la ceguera colectiva, amplia las fracturas sociales, la fragmentación de nuestras sociedades, las desigualdades y la exclusión social.©


Joaquín García Roca

Universidad de Valencia


 

¿Hay alternativas a la crisis?

¿Hay alternativas a la crisis?

La compleja situación actual de crisis y las posibles alternativas para superarla ocupará el monográfico de nuestro número 983, en el que habrá importantes firmas que tratarán este tema desde distintas perspectivas. A parte de un análisis de la situación, se recoge una mirada hacia el futuro.


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