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El desempleo estructural de los jóvenes en España

Escrito por: Leopoldo A. Moscoso
Enero - Febrero 2013

España va mal. La euforia triunfalista originada en círculos pro-gubernamentales por la reducción de la prima de riesgo a comienzos de 2013, a duras penas puede esconder que la economía española tiene el dudoso honor de detentar la tasa de desempleo juvenil más alta del mundo (por encima del 40% o del 50%, en función del indicador que se emplee). Ya hemos estado en situaciones análogas y de ahí probablemente nuestra sensación de “déjà-vu”.

La proclividad de las elites dirigentes españolas a buscar salidas a sus atolladeros económicos en la ampliación de las formas de exclusión es algo ya comprobado en los sesenta y en los ochenta del pasado siglo. Los jóvenes de los sesenta emigraron, los de los ochenta quedaron fuera del mercado de trabajo; los de hoy se han quedado fuera del mercado y tendrán que emigrar.

Afirmar que el origen de nuestros actuales problemas ha de buscarse en una crisis fiscal no es más que un sofisma. La crisis fiscal es el efecto –y no la causa– de una crisis financiera que ha mutado en una oleada de movimientos especulativos sobre las deudas soberanas de varias
economías. Tal es el cul-de-sac al que nos ha conducido la ineptitud de nuestras élites, que consiste en: no habrá crecimiento con austeridad fiscal, pero al tiempo nunca podrá haber austeridad fiscal sin crecimiento, de modo que la disciplina fiscal se presenta a la vez como un objetivo necesario e imposible. De ahí los programas que buscan una salida que haga posible el crecimiento para unos pocos al tiempo que se impone la austeridad fiscal para todos los demás. A tal efecto, se habla mucho del milagroso elixir de la flexibilidad. No puede sorprender que el portentoso bálsamo sea una prescripción que se aplica selectivamente: imposible modificar retroactivamente –se nos dice– una de las leyes hipotecarias más injustas del mundo, pero en cambio sí se ve posible una reforma laboral que deteriore, desde el mismo momento de su aprobación, el poder de negociación en sus respectivos lugares de trabajo de millones de trabajadores que tenían contratos anteriores a los cambios legislativos. Se habla igualmente de la reinvención de los perfiles profesionales a lo largo del ciclo vital, pero nadie parece hacer frente al problema fundamental de reinventar el modelo de desarrollo económico; y se habla de la necesidad de aprender a emprender, pero ninguna ley de emprendimiento vendrá a resolver nada si antes no se ha afrontado el problema de la circulación del crédito1.

La clave, es cierto, está en la reorientación del modelo de producción: pasar de la especulación inmobiliaria y la provisión de servicios en la parte baja de la cadena del valor, hacia la sociedad del conocimiento, el terciario avanzado, etc. Pero mientras la última gran piscina de desempleados es absorbida por el regreso de una parte de los inmigrantes a sus lugares de origen, por el reingreso en el sistema educativo de los que salieron de él demasiado temprano atraídos por los cantos de sirena de la burbuja inmobiliaria, y por el envejecimiento y eventual salida del mercado de trabajo de los que quedaron desempleados con más años, ya habrá varias nuevas cohortes demandando su entrada en el mundo laboral.

La Migración de los Factores Productivos

Un rasgo permanente de la economía española en el downturn de sus ciclos económicos es su escasa proclividad a ajustar vía precios, o mediante la disminución del excedente empresarial. El ajuste se produce por el lado del empleo y el dumping salarial. Peor aún, no es sólo que haya pocos indicios de que empresas y poderes públicos estén dando los pasos necesarios para reorientar a largo plazo el modelo de crecimiento. A decir verdad, casi parece que estén más bien agazapados a la espera de la próxima burbuja especulativa. Saben que viene un futuro en el que habrá más viejos: ese es el nuevo modelo. Pero no ven a los mayores, o a los niños, como una oportunidad para alimentar el círculo virtuoso del bienestar social, construyendo guarderías y centros de día, y generando empleo de calidad en el sector de los cuidados. Nada de eso: la burbuja sanitaria se está inflando en Madrid y Valencia con capitales procedentes de la burbuja inmobiliaria manejados por empresas que han reorientado su actividad –algunas de ellas después de suspender pagos en el sector de la construcción– hacia el negocio de la sanidad2. Se trataría de liquidar el sistema de pensiones, acabar con la equidad en el acceso a los servicios, y convertir a las nuevas cohortes de ciudadanos recién egresados del sistema educativo en la carne de cañón para un mercado dominado por empleos precarios y mal pagados.

No hay voluntad de cambiar el modelo. Es cierto que, aunque la hubiera –tal y como comprobaron los gobiernos de Rodríguez Zapatero entre 2008 y 2011–, reorganizar un sistema productivo es necesariamente una política de largo plazo, que excede el período del mandato de un gobierno, y que no tiene cabida, por tanto, en los cálculos de costes y beneficios derivados del cumplimiento o el incumplimiento de los programas electorales. Es por ello que hoy, en medios gubernamentales, ya hay quienes dan por descontado que España volverá hacia 2018-20 –igual que en los años sesenta– a ser un país netamente emisor de emigrantes. Algunas estimaciones anticipan que España pondrá otra vez unos dos millones de jóvenes en el exterior. Y esta vez se tratará de emigrantes muy jóvenes y altamente cualificados producto de otra de nuestras burbujas: la burbuja universitaria. Es difícil imaginar un escenario de mayor ineficiencia que éste, en el que habríamos invertido en una formación que otros aprovecharán3.

Oferta y Demanda de Titulaciones: La Burbuja Universitaria

Algunos hablan de la llegada de una tormenta demográfica perfecta. Olvidan que ya tuvimos aquí a una generación entera sin perspectivas: primero la excluyeron del empleo, luego de la vivienda. Llueve sobre mojado4. Una conspicua coalición de políticos mediocres e incapaces de tutelar los derechos de los ciudadanos a los que representaban, regidores corruptos ávidos por recaudar, banqueros, promotores y constructores podridos de ambición y las pequeñas codicias de una legión de asesores inmobiliarios, notarios y registradores de la propiedad conspiró para endeudar de por vida a una fracción muy importante de aquellos, ya no tan jóvenes, que sufrieron una integración tardía y anormal en el mercado de trabajo y que se las están viendo canutas para poder sacar adelante a su exigua descendencia.

En tales condiciones, no sorprende lo que predicen las proyecciones demográficas por componentes: la población española decrecerá, los saldos migratorios serán negativos y tardarán muchos años en invertirse y, a mediados de siglo, el 40% de la población tendrá más de sesenta
años. Persistirá –igualmente– el desempleo friccional que, en España, es, por su volumen y durabilidad, estructural desde hace tres décadas: una historia interminable. Partimos de un país con un nivel educativo y cultural muy bajo que universalizó el acceso de las clases trabajadoras a la educación superior. La expansión de muchas titulaciones que no generaban ni tecnología ni renta, sino que estaban orientadas a la reproducción del sistema educativo, se soportó bien mientras pasaban por el sistema las cohortes más numerosas de los baby boomers. La expansión del sistema educativo en la post-dictadura actuó de correa de transmisión de los valores democráticos y elevó el nivel cultural de la sociedad. Cuando las cohortes de jóvenes ingresados en el sistema educativo han empezado a disminuir de tamaño, el sistema ha quedado sobredimensionado produciendo todos los fenómenos de endogamia y corrupción que llegaron incluso a ser objeto de estudio por parte de la revista Nature en los primeros años del siglo, señalando a las comunidades académicas y científicas de España y Portugal como las más endogámicas de Europa5.

Aunque la inmigración de la primera década del siglo presionó coyunturalmente al alza los índices de fecundidad, las cohortes nacidas en los noventa y en la década pasada son algo más pequeñas. Durante unos años la presión sobre la oferta de plazas educativas disminuía paralelamente al crecimiento de la oferta (especialmente, con la llegada masiva de la iniciativa privada, en el nivel universitario). La burbuja inmobiliaria arrancó de forma precoz a muchos jóvenes del sistema educativo, lo que hizo disminuir todavía más la presión sobre la oferta de plazas en la formación profesional y en la educación superior. El estallido de la burbuja devolvió a los jóvenes que se había llevado, pero no los devolvió a todos al sistema educativo. A muchos los puso en la calle. Aunque hay quien desee maquillar esta realidad, la sociedad española tiene un 26,3 % de jóvenes de entre 20 y 24 años que ni trabajan ni estudian y que se encuentran en riesgo de sufrir pobreza severa y exclusión social.

La recesión en double-dip que atravesamos, es cierto, parece haber alterado coyunturalmente la tendencia. Echemos un vistazo a los datos de la educación superior. Primero la demanda: en 2010-11 optaron por seguir estudios universitarios 385.000 jóvenes, lo que representa un 33% más que en 2007-08. Con todo, el desajuste entre la oferta y la demanda es patente6. Ahora la oferta: es posible afirmar que España vivía en la pesadilla del abandono educativo temprano (en España, 31,2%; en Alemania, 11,1%) y del fracaso escolar en la enseñanza secundaria, al mismo tiempo que inflaba una nueva burbuja – la burbuja universitaria. Con 28 universidades en 1975 y 35 diez años después; hoy hay 78. Lo mismo puede decirse del número de sedes que creció hasta los 236 campus en 2010 (154 públicos, 69 privados), o de las más de 2.300 titulaciones (entre homologadas y propias) que han remplazado, después del Plan Bolonia, a las antiguas diplomaturas y licenciaturas7. Un crecimiento desmesurado en el sistema más endogámico de Europa: más que crecer, las universidades españolas engordaron como consecuencia de la competencia entre funcionarios, la existencia de plantillas diseñadas no para la docencia o la investigación sino para la promoción de los candidatos de la casa a los encargos funcionariales, etc.,.. Con ratios de fracaso escolar en el entorno del 35% en la ESO, Madrid se ponía a la cabeza del continente en el número de campus universitarios en su área metropolitana (más de una docena). Mientras los informes PISA advierten de que las dificultades lecto-escritoras de los alumnos españoles se han mantenido entre 2000 y 2010, el número de catedráticos no ha dejado de crecer… en el país peor instruido de Europa.

También sorprenden las tasas de titulados universitarios entre los jóvenes: 39% en España (frente al 29,4% de Alemania o el 23,5% de Austria)8. En todo caso, la burbuja universitaria acrecienta la polarización entre titulaciones cuya oferta de plazas queda desierta, y otras cuya nota de corte sube cada año para poner límite a la presión de la demanda. Aunque las notas de corte no suben exclusivamente a causa de la presión de la demanda. Es verdad que en Medicina, la demanda de admisiones representa el 497% de la oferta efectiva de plazas, pero el sector sanitario aparece aquí como un extraño caso de estudio tan pronto como se repara en los informes que apuntan abiertamente a un déficit de médicos: de un déficit de 9.000 en 2007 a un déficit de 4.400 en 20109. El estudio, encargado por el exministro Bernat Soria, recomendaba la relajación del numerus clausus en el acceso a los estudios de medicina. Lo que sucedía, en cambio, es que al tiempo que iban aumentando las plazas de residentes, se mantenía el numerus clausus con el sorprendente resultado de que el número de estudiantes egresados cada año de las facultades de medicina resulta ser menor que el de las plazas MIR ofertadas. Por ejemplo, en 2008, 3.841 egresados (que depende del numerus clausus en t-6) contra 6.517 plazas ofertadas (es decir, que nadie “suspende” el acceso al MIR). Mientras tanto, crece la homologación de títulos extranjeros (mayoritariamente latinoamericanos y del Este de Europa) hasta el punto de superar a los egresados de las facultades con título de licenciado. En 2007, 4.819 homologaciones frente a 3.951 egresados. Es decir, que nuestro sistema asume los costes de la formación de residentes extranjeros o, caso de las enfermeras, forma profesionales que ejercerán fuera del país.

Necesitamos científicos y tecnólogos, pero hemos organizado un sistema de controles que cierra el paso a la ciencia y a la tecnología a la mayoría de los jóvenes. Faltan médicos y les impedimos el paso. Sobran periodistas y tenemos una burbuja universitaria. Los lumbreras que han diseñado el sistema no parecen estar dispuestos a reconocer que éste ya no funciona. Una prueba de selectividad que todos aprueban junto a un sistema de numerus clausus sugiere que hay otros intereses en juego.

El Gran Mismatch: Oferta y Demanda de Cualificaciones y Desempleo Friccional

Pero el problema mayor se presenta en otro desajuste: el que tiene lugar entre los egresados con titulación y la demanda de titulados en un mercado orientado a la producción de bienes y servicios en la parte baja de la cadena del valor. En efecto, pues la oferta de enseñanzas universitarias y de postgrado crece más deprisa que los puestos de alta cualificación en una economía basada en el ladrillo y en los servicios de escaso valor añadido. Hace ya muchos años que el desempleo friccional es estructural en España.

Un indicador indirecto de la presencia de desempleo friccional en la economía es la sobre-cualificación de los trabajadores ocupados. España es el país de Europa en el que resulta más barato contratar a un titulado universitario: la sobre-cualificación afecta al 43% de los que tienen empleo y al 50% de los desempleados. La mitad de los jóvenes empleados trabajan en puestos que requieren menor formación. Los jóvenes maquillan sus cualificaciones a la baja y los empresarios no ponen reparos en contratar personal sobrecualificado pagando, eso sí, salarios inferiores. La tasa de empleo sobre-cualificado en la UE está en torno al 19%. ¿Despilfarro de recursos o mala orientación de nuestra economía? Probablemente las dos cosas. El resultado, en todo caso, es que caen los sueldos de profesores, ingenieros, científicos y tecnólogos. Pero que en España haya ingenieros mileuristas es parte del gigantesco fraude que venimos describiendo: científicos sin futuro, profesores sin docencia, y un crecimiento sin sentido que engorda los curricula de los funcionarios pero invierte recursos en una formación que quedará sin aprovechar o que será aprovechada –en el mejor de los casos– por otros mercados. Y deja un rastro institucional de deudas multimillonarias que mañana no se convertirán en riqueza, sino en otro activo tóxico del sistema.

Siempre que la sociedad tiene problemas de eficiencia, optamos por ponérselo a los jóvenes más difícil. Como los mercados de trabajo dejan a la gente fuera del empleo, nosotros optamos por dejar a nuestros jóvenes fuera de la ciencia o del sistema educativo. Hay selección para ingresar en el sistema, pero no dentro de él, de modo que somos fuertes con los débiles y débiles con los fuertes. Y ¿quiénes son las instituciones que seleccionan? Ni una sola de ellas se encuentra entre las cien primeras del mundo. Nuestro sistema educativo se encuentra, una vez más, en el punto de mira. Sin embargo, por estas mismas razones, estamos en mejores condiciones que nunca para romper con la miserable lógica que convirtió la educación en un medio para buscar la distinción y reforzar las diferencias: tal vez ahora podamos querer que todos nuestros jóvenes estudien, pero no para exacerbar la competencia entre ellos, sino con el objetivo de cultivar su humanidad. Y por eso mismo no queremos que quienes no lo hicieron –aunque fuera por su culpa– tengan que pagar durante toda la vida por ello con bajos salarios y una existencia peor.

La Marca España como Artefacto Ideológico

Hay quienes dirán que España está condenada a convertirse en la Florida de Europa. Que si levantar bungalows frente a las costas y servir tapas es lo que sabemos hacer bien, debemos especializarnos en ello; y organizar un país de albañiles y camareros, que trabajan en precario, con las tasas de rotación más altas del mundo, en un mercado de trabajo segmentado, dominado por el dumping salarial, y por empresarios mafiosos que ni pagan sus impuestos ni invierten en formación o en innovación. ¿Es eso la Marca España de la que tanto hablan? Puede que, bajo tal rúbrica, se esté considerando un modelo basado en la exportación de bienes raíces y servicios y dominado –como en la posguerra del sur de Europa– por los bajos salarios y la incapacidad de las clases trabajadoras de acceder a los bienes y servicios que ellos mismos producen. Pero en tal caso, no hay argumento más necio. Es verdad que conviene ajustar algunos salarios, pero nunca saldremos de la crisis con la bajada de los salarios bajos. Ello sólo alimentaría –en el medio y largo plazo– una nueva expansión del crédito predador, pues siempre habrá algún competidor que pueda permitirse mayores niveles de dumping salarial.

Entonces, ¿la formación? En efecto, la inversión estratégica es la educación, la sanidad, las guarderías, la dependencia y el cuidado de las personas mayores –justo los sectores que estamos desmantelando10–. Se habla del modelo alemán de contrato de aprendizaje. Pero éste no funcionará en una economía de servicios dominada por la pequeña empresa. Y peor: no funcionará en un mercado de trabajo segmentado y con la mayoría de sus trabajadores jóvenes en precario. Ningún empresario encontrará incentivo para invertir en la formación de las plantillas estables porque están envejecidas y, en general, sobre-cualificadas. Pero tampoco encontrará incentivos para invertir en la formación de trabajadores con contratos precarios y volátiles dispuestos a ofrecer sus servicios al mejor postor. Es preciso redistribuir los empleos, las rentas y dejar que nuestro sistema productivo sea colonizado por nuevas ideas y talentos. La mayor parte de nuestros empresarios tienen que ganar mucho menos de lo que ganan. Si no queremos ver emigrar a nuestros jóvenes, si queremos terminar de una vez con esta historia interminable haríamos bien en poner patas arriba la vieja, y ya inservible, letanía de los socialdemócratas de los años ochenta que decía aquello de “hay que crecer para redistribuir”, y constatar, en cambio, que ha llegado el momento de afirmar algo distinto: Puede que el crecimiento no sea posible, o ni siquiera deseable. Bien. Entonces, redistribuyamos.©

 NOTAS 


1. A este lado del Atlántico, nadie parece atreverse a afrontar una regulación seria del sector financiero, cuyos abusos y falta de transparencia incubaron la actual crisis económica. La enfermiza obsesión europea con la desregulación de los mercados de trabajo, en lugar de acabar con los desmanes originados en la desregulación del sector financiero es el mejor indicador de esta incapacidad. Todo ello mientras familias, empresas y poderes públicos soportan el intolerable chantaje del oligopolio de las eléctricas y de las petroleras sobre los costes de la producción y sobre los precios al consumo. Se habla mucho de la eficiencia y de la reducción de costes, pero cuando se trata de banqueros y de las mafias de la energía que extorsionan legalmente a los ciudadanos, los poderes públicos, en lugar de tutelar con firmeza los derechos de sus ciudadanos, optan por dejar al zorro al cuidado del gallinero… y mirar para otro lado, como repetidamente denuncian las organizaciones de consumidores en España. Una de ellas (FACUA) ha sido amenazada de ilegalización por parte del gobierno de España en el otoño de 2012.

2. La conversión de los servicios públicos en nichos de negocio se encuentra muy bien descrita, para el caso de Madrid, en el informe del Observatorio Metropolitano, publicado bajo el título Manifiesto por Madrid: Crítica y Crisis del Modelo Metropolitano, Madrid: Traficantes de Sueños, 2009.

3. No sólo emigrarán las personas. Los capitales ya lo están haciendo masivamente desde 2011. Ahora que los fondos de inversión en los que tenían sus ahorros los sacrificados ahorradores alemanes empiezan a ser menos rentables (así lo confirmaba el semanario alemán Der Spiegel, en el nº 37 de 2012 – “In der Vorsorgefalle” – en pp. 81-84), los capitales acumulados en las estafas piramidales del sur de Europa regresan a Alemania para alimentar la más que probable burbuja inmobiliaria de Berlín. La repatriación de los capitales hacia la Mitteleuropa junto con la emigración de nuestros jóvenes mejor cualificados parecerían consumar el programa de empobrecimiento de la orilla sur del continente puesto en marcha desde el comienzo de la crisis por esa coalición de extremistas de derecha y ordoliberales que dominan las administraciones europeas. Es coherente, además, con el ethos de unas clases medias nórdicas, que se hacen cada día más xenófobas e integristas, que temen y detestan a sus trabajadores turcos y árabes, y que sueñan con volver a tener obreros españoles, portugueses y griegos a precios asequibles.

4. Lo expuse en esta misma sede hace unos años: “Los Jóvenes y la Crisis Económica: Llueve sobre Mojado”, en Crítica, nº 962, Julio-Agosto de 2009, pp. 34-40. Pero véase también el panorama de fondo trazado por Pablo López Calle en La Desmovilización General. Jóvenes, Sindicatos y Reorganización Productiva, Madrid: La Catarata, 2007. La misma historia en otros lugares del continente pudo seguirse en Ilvo Diamanti (ed.), La Generazione Invisibile. Inchiesta sui Giovani del Nostro Tempo, Milán: Il Sole-24 Ore, 1999.

5. Cfr., M. Soler, “How Inbreeding affects Productivity in Europe”, en Nature, nº 411, 2001, así como las respuestas aparecidas en los números siguientes. Aunque es posible que la endogamia sea una respuesta natural a la debilidad de la inversión en i+d, el exceso de capacidad del sistema obedece a la misma lógica que la de los cursos de formación para los desempleados: parecen estar diseñados a favor de quienes los imparten, no en beneficio de quienes los reciben.

6. Fuente: Estudio de la Oferta, la Demanda y la Matrícula de Nuevo Ingreso en las Universidades Públicas y Privadas, MEC, 2010. En las ciencias experimentales, la ocupación de plazas ofertadas no supera el 80% (en ingeniería geo-minera se cubren el 41% de las plazas ofertadas), mientras que la presión sobre la oferta en Medicina es de 5:1 (37.000 aspirantes se disputan 6.229 plazas); hay equilibrio en Artes y Humanidades, igual que en Ciencias Sociales y Jurídicas (con la excepción de Educación Infantil o Ciencias de la Actividad Física con demandas que representan el doble de las plazas disponibles), y se detecta también cierto retroceso de la presión de la demanda sobre los estudios de Arquitectura e Ingeniería. En algunos estudios, la demanda de admisiones se reduce a menos de veinte peticiones en toda España. Sin embargo, la mitad de las plazas solicitadas se concentran en diez títulos: Medicina, Maestro de Infantil, Enfermería, Maestro de Primaria, ADE, Derecho, Psicología, Fisioterapia, Arquitectura e Ingeniería Industrial. De hecho, Medicina, Enfermería y Educación Infantil encabezan la lista de las titulaciones más demandadas (entre las tres, 24.000 plazas para más de 70.000 aspirantes). Con todo, la estructura de las preferencias parece mantenerse bastante estable: “la presión de la demanda se concentra en los mismos estudios en los que estaba hace unos años”.

7. Una enorme diversificación de la oferta, con propuestas cada vez más especializadas, que compiten por la captación de fondos públicos y de clientes, así como por la notoriedad en los medios. Y más devaluadas, porque la competencia no es por la excelencia, sino por la captación de estudiantes, con lo que inevitablemente desciende el nivel académico.

8. Son los números que permiten – datos de 2011 – licenciar a tres mil nuevos periodistas cada año con una nómina agregada de graduados en esa ciencia (es decir, sin contar con los que la ejercen habiéndose graduado en otra) que asciende a 75.000 efectivos. Las empresas informativas desaparecen, reducen drásticamente sus plantillas o deben reconsiderar su modelo de negocio. Pero mientras el sector se encuentra en trance de desaparición… ¿Cerramos centros de estudio? Muy al contrario: no dejan de proliferar las facultades. Hoy podemos estudiar periodismo en 41 centros públicos y privados que concentran una oferta de 19.000 plazas (la cifra, naturalmente, se incrementa si sumamos comunicación audiovisual y publicidad).

9. El estudio, de marzo de 2009, se titula Oferta y Necesidad de Especialistas Médicos en España (MSC), e indica unas necesidades de 25.000 médicos más hacia 2025. En 2009 había cerca de 170.000 médicos asistenciales. La mayoría de ellos ejercían en el Sistema Nacional de Salud. La reducción del déficit entre 2007 y 2010 no obedece a una mejora de la eficiencia de nuestro sistema de asignación de plazas de estudio y adjudicación de residencias. Obedece a la recesión que ha hecho disminuir la presión de la demanda de servicios médicos privados (ortodoncia, medicina estética). Entre las causas del déficit estructural se citan el envejecimiento de las plantillas de facultativos (el 41% tiene más de 50 años), la fuerte feminización del sector que produce muchas bajas por maternidad, así como la evolución de la demanda asistencial que tiende a generar déficit en determinadas especialidades (por ejemplo, en psiquiatría). De seguir así se estima un déficit del 5% en 2015, con mayor incidencia en algunas especialidades.

10. La importancia de esos sectores ya era puesta de manifiesto a finales del siglo pasado incluso por quienes afirmaban, desde la izquierda, la ineludible necesidad de reformar nuestros estados sociales, como muestra Laura Pennacchi, Lo Stato Sociale del Futuro. Pensioni, Equità, Cittadinanza, Roma: Donzelli, 1997.



Leopoldo A. Moscoso

SPO - Social & Political Observatory


 

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La compleja situación actual de crisis y las posibles alternativas para superarla ocupará el monográfico de nuestro número 983, en el que habrá importantes firmas que tratarán este tema desde distintas perspectivas. A parte de un análisis de la situación, se recoge una mirada hacia el futuro.


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