18Septiembre2019

Revista Crítica

Usted está aquí: Inicio La Revista Monográfico Análisis ¿Es la banca ética una alternativa a la crisis?

¿Es la banca ética una alternativa a la crisis?

Escrito por: Pedro M. Sasia
Enero - Febrero 2013

Se cuenta una anécdota sobre el filósofo Fernando Savater quien, preguntado sobre las últimas novedades en el mundo de la ética, contestaba: ¿Novedades, me dice Ud.? Pues mire, no: ninguna, seguimos igual que hace 3000 años. Insistiendo en que la persona es fin en sí misma y no medio, que eso y no otra cosa es la dignidad,... Pero novedades, no, no: ninguna. Seguimos, gracias a Dios, como siempre.”

Este escenario de crisis parece que tampoco nos enseña ya novedad alguna, asentado en un desesperante estado estacionario que confirma aquel célebre fin de la historia que presumía, todo hay que decirlo, un mejor final. Las políticas se diseñan día tras día sobre la base de una racionalidad instrumental de aspiración científica que rechaza sistemáticamente la incorporación de argumentos de carácter moral, esos que llevan 3.000 años intentando hacerse un sitio entre los pilares sobre los que construir nuestras sociedades. Políticas inevitables, se nos dice, cuya eficacia se trata de imponer como irreplicable, manejando estadísticas y pronósticos de vana aspiración científica, conectando causas y efectos con asombrosa simpleza y un desprecio absoluto tanto a los antecedentes históricos como a la dignidad humana.

Las novedades, sin embargo, acontecen, aunque no precisamente en esa escala de las grandes decisiones macroeconómicas. Lo hacen en esa escala de talla humana conformada por nuestras realidades concretas (relaciones,  consumos, cultura…), ese lugar donde día a día se va configurando, en la práctica, nuestra vida. Las novedades tienen múltiples formas: desde la respuesta ciudadana indignada que exige un cambio político, hasta la cooperación entre trabajadores para recuperar sus empresas arruinadas, pasando por la creación o reforzamiento de muchas redes de solidaridad. Se trata de dinámicas de carácter local a las que no suelen atender los grandes titulares, pero que presentan, no lo olvidemos, dos preciosos valores: que sobre ellas sí podemos actuar, y que es en lo que ellas son capaces de ofrecernos donde se juega día a día buena parte de nuestro bienestar.

El lugar social de las alternativas de la Economía Solidaria

Es en este terreno local en el que cabe situar las propuestas de alternativa que, también como significativa novedad, se están generando ante la crisis. El fenómeno no es nuevo, aunque sí lo es su extensión y variedad. En sociedades fragilizadas como lo es hoy la nuestra, a la indignación y al apoyo mutuo le siguen multitud de dinámicas de base ciudadana que buscan articular alternativas. Alternativas a la injusticia distributiva, a la insostenibilidad medioambiental, a la corrupción, a la asimetría en el poder o en la información… a todos aquellos elementos que desde hace ya muchos años (aunque con especial fuerza en esta crisis) muestran que este sistema económico está, en el mejor de los casos, “viejo y oxidado”.

El ámbito de la Economía Solidaria reúne desde hace ya muchos años estas alternativas, como un amplio conjunto de circuitos de actividad económica que comparten una consideración alternativa al sistema de prioridades en el que actualmente se fundamenta la economía neoliberal... una visión y una práctica que reivindica la economía como medio al servicio del desarrollo personal y comunitario, como instrumento que contribuya a la mejora de la calidad de vida de las personas y de su entorno social.1

Un espacio que cuenta hoy con un gran dinamismo, que crece y se articula internacionalmente2, y cuyo valor como alternativa está lo suficientemente justificado, a pesar de la insistente sospecha que sobre ellas se vierte desde el establishment neoliberal. Una sospecha que, dicho sea de paso, deja entrever un intento nada sutil de reforzar la tesis de que el neoliberalismo globalizado es el único sistema posible, y que basa su argumentación en la incapacidad de estas alternativas para transformar el sistema económico a escala global.

Ante esta sospecha, lo primero que es importante aclarar es que la transformación a escala macro del sistema económico no es la vocación de partida de estas alternativas. Sin renunciar a una aspiración de contenido nítidamente utópico por reconstruir un mundo más justo, sus dinamismos persiguen, en primer lugar, objetivos de carácter simbólico y cultural. Estas alternativas muestran que es posible otra manera de entender las relaciones económicas, y que esa manera diferente requiere de un marco cultural y de valores radicalmente diferenciado del que actualmente impone el neoliberalismo. Los circuitos económicos alternativos (sean de producción- distribución-consumo o, como analizaremos con mayor detalle a continuación, de ahorro-intermediación-crédito)  muestran que la realidad, como decía E. Bloch, no tiene un tamaño determinado. Su simple puesta en marcha por parte de diferentes actores sociales tiene un valor en sí misma porque, como expresa atinadamente E. Galeano, …quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

La dimensión simbólica y cultural y su potencial como desencadenante de una ciudadanía responsable y comprometida con el bien común, siendo en sí mismo un valor lo suficientemente significativo, no es el único que podemos reconocer a las alternativas económicas. Es fácil asimismo descubrir un valor práctico muy evidente, que se pone de manifiesto precisamente en contextos de vulnerabilidad, allí donde los mecanismos de mercado no encuentran oportunidad alguna para desplegar sus imponentes estructuras. Siendo circuitos económicos cortos comparados con los grandes monstruos trasnacionales, son los únicos presentes en muchos lugares en los que está en juego la supervivencia en condiciones dignas de muchas personas. Y no encierran en su seno (y en estos tiempos merece la pena decirlo con especial contundencia), esas bombas de relojería en la que se han ido convirtiendo muchas grandes corporaciones, mostrando una aterradora capacidad para llevarse por delante nuestro bienestar y, posiblemente, el de nuestros descendientes.

La Banca Ética como alternativa

Entre este espacio de alternativas que componen la Economía Solidaria es inevitable hoy prestar especial atención a las propuestas de Banca Ética. Se trata de un conjunto muy variado y dinámico de entidades, que crece continuamente a nivel mundial3, y que cuenta como elementos más característicos su estructura cooperativa y su condición de circuitos de ahorro-intermediación-crédito capaces de operar ofreciendo los servicios bancarios habituales, para orientar el crédito hacia la economía real y preferentemente a proyectos que se despliegan en ámbitos como la agroecología, la cooperación Norte- Sur, la lucha contra la exclusión o la promoción del desarrollo local.

Tras los desastres a los que nos ha conducido el sistema financiero a nivel mundial, sus elementos de alternativa son hoy mucho más fáciles de entender. Son proyectos en los que la autogestión basada en la participación informada y consciente se refuerza con un alto nivel de transparencia. Proyectos que se dedican exclusivamente a ofrecer crédito a la economía real, descartando cualquier práctica especulativa. Proyectos que se construyen y desarrollan sobre una base cooperativa que sitúa el reforzamiento del propio proyecto por encima del reparto capitalista de los beneficios. Proyectos que, en definitiva, tratan de rescatar el bien social original de la intermediación financiera, hoy tristemente olvidado.

Como decíamos anteriormente al hablar del lugar social de las alternativas en la Economía Solidaria, su vocación inicial no es la transformación del sistema financiero a nivel global, aunque operan en los mercados financieros y están sujetos a las mismas regulaciones y organismos de control que todos los demás bancos. Sus productos, por lo tanto, son “estrictamente bancarios” y en buena medida mucho más seguros que los ofrecidos por entidades financieras hoy completamente arruinadas y que precisan del dinero público para garantizar los depósitos e inversiones de sus clientes. Su valor no podemos tasarlo por su capacidad para introducir las necesarias correcciones al conjunto del sistema financiero. Esa es la tarea intensamente reclamada a los Gobiernos, que deberían crear los marcos legislativos e institucionales adecuados y hacerlos cumplir a escala global.

Si bien es cierto que muchas de las personas y organizaciones implicadas en la construcción de propuestas de alternativa comparten militancia con quienes reclaman estos cambios necesarios4, es importante entender que son dinámicas distintas con objetivos diferentes. Los retos principales de la Banca Ética transitan por otros caminos, que tienen también que ver con su dimensión política pero, como venimos insistiendo, desde otro lugar social. Su empeño está centrado en la creación de un completo sistema de acción colectiva capaz de conectar el ahorro entendido como un bien común, con el crédito orientado a la construcción de sociedades más justas.

No podemos ignorar que, en estos tiempos, construir estas alternativas implica un cambio de valores que necesariamente precisa de un marco colectivo densamente relacionado. Sólo en ese marco es posible nadar contracorriente, sacudiéndose el yugo de la utilidad económica que tan seductor se nos presenta en nuestra condición de personas consumidoras. Pero es importante, asimismo, resaltar que los proyectos de Banca Ética no se detienen en ese trabajo cultural orientado a la persona consumidora. Dan un paso más, entendiendo que no es suficiente con declarar la necesidad de hacernos conscientes y asumir las consecuencias de nuestras opciones de consumo. Nos muestran que es imprescindible transitar otros caminos que conduzcan precisamente a articular esas alternativas que canalicen dicha acción colectiva y que, en último término, las hagan conocidas y elegibles. Por eso la Banca Ética se construye como un circuito de intermediación basado en el intercambio de saberes, recursos y capacidades y basa sus estrategias en el reconocimiento del valor de la rentabilidad social de las inversiones por encima de su estricto interés económico.

¿Un futuro posible para las alternativas económicas?

Sólo desde su capacidad para rescatar una ciudadanía comprometida en la esfera pública se puede entender la razón de ser y el auténtico valor como alternativa de la Banca Ética. Y es también esa capacidad la que encierra la clave para poder prever no sólo su desarrollo futuro, sino el del conjunto de la Economía Solidaria. En este sentido, los dinamismos ciudadanos que se están poniendo en marcha a raíz de esta crisis, junto con el progresivo desmontaje de los relatos neoliberales de éxito y crecimiento continuo, suponen sin duda un fértil terreno de juego para alimentar estas propuestas de alternativa y alumbrar cierta esperanza en su consolidación. Se trata de un terreno que ya está produciendo unos frutos impensables no hace demasiado tiempo, con la puesta en marcha de circuitos económicos alternativos que hace tan solo unos pocos años era inconcebible pensarlos fuera de las reglas del neoliberalismo, como las finanzas, los seguros, el acceso a la vivienda o la producción de energía5. Circuitos económicos que vienen a unirse a las propuestas tradicionalmente presentes en el mundo de la Economía Solidaria, configurando un espacio que irá creciendo en la medida en que seamos capaces de alentar una ciudadanía cada vez más consciente de su responsabilidad en promover estas alternativas.

Todo lo grande empieza en lo pequeño decía Ximo García Roca en un vídeo de presentación preparado para una Asamblea de personas y entidades promotoras del proyecto Fiare de Banca Ética6. Es una afirmación sencilla, que recuerda mucho a otras imágenes familiares para muchos de nosotros. Una sencillez que no oculta su innegable contundencia, en la medida en que pone de manifiesto el profundo reto que supone hoy creer en que la creación de gérmenes de alternativa es quizás la única respuesta ciudadana posible ante el clamoroso abandono de aquéllos que, desde los grandes centros de poder político y económico, hubieran debido tener la responsabilidad de velar por el bien común. Reconozcamos su valor y cuidemos, por lo tanto, estos preciosos granos de mostaza… ©

NOTAS 

1. Askunze, C. en G. Celorio y A. López de Muniain, Diccionario de Educación para el desarrollo. Ed. Hegoa, Bilbao, 2007. Pp. 107-113.
2. Las redes de economía solidaria están articulándose con gran dinamismo a nivel mundial. En este sentido, merece la pena citar a la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social y Solidaria (www.ripess.net). En España, la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (www.economiasolidaria.org) cuenta con más de 500 organizaciones vinculadas.
3. La Federación Europea de bancos Éticos y Alternativos (www.febea.org) reúne a 25 entidades de Banca Ética de 13 países europeos, que totalizan activos por valor de más de 21.000 millones de euros y por encima del medio millón de personas y organizaciones socias y/o clientes.
4. Entre estos cambios resulta inevitable recordar las medidas que frenen los excesos especulativos, sea mediante instrumentos de índole fiscal (como los impuestos a las transacciones financieras inspiradas en la conocida como Tasa Tobin) o separando claramente la banca de inversión de la banca privada.
5. La página web de la Red de Economía Alternativa y Solidaria, con más de un millón de visitas anuales, es un excelente muestrario de este dinamismo creciente (www.economiasolidaria.org)
6. El proyecto Fiare de Banca ética (www.proyectofiare.com) es una iniciativa que lleva más de diez años desarrollándose en España, y que, mediante su integración con la cooperativa italiana Banca Popolare Etica (www.bancaetica.com) consolidará en 2013 una cooperativa de crédito de ámbito europeo con más de 45.000 personas y organizaciones socias.


Pedro M. Sasia

Centro de Ética Aplicada. Universidad de Deusto. Proyecto Fiare


 

¿Hay alternativas a la crisis?

¿Hay alternativas a la crisis?

La compleja situación actual de crisis y las posibles alternativas para superarla ocupará el monográfico de nuestro número 983, en el que habrá importantes firmas que tratarán este tema desde distintas perspectivas. A parte de un análisis de la situación, se recoge una mirada hacia el futuro.


Ver revista Descargar Suscribirse

Artículos más leídos

La educación no es neutral

La educación no es neutral

Para transformar la sociedad es necesario formar sujetos críticos y creativos, y...

Consumo y ciudadanía

Consumo y ciudadanía

La ciudadanía no consiste únicamente en tener derechos, sino también...

Como lágrimas en la lluvia

Como lágrimas en la lluvia

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de...

Desde mi teclado

Desde mi teclado

El 93% de los internautas españoles tienen una cuenta activa en al menos una red social....

Crítica cumple 100 años

Crítica cumple 100 años

Hace exactamente 10 años, en el año 2003, yo misma titulaba el editorial de la...

  • La educación no es neutral

    La educación no es neutral

    Martes, 01 Marzo 2011 13:57
  • Consumo y ciudadanía

    Consumo y ciudadanía

    Martes, 01 Julio 2008 11:17
  • Como lágrimas en la lluvia

    Como lágrimas en la lluvia

    Sábado, 01 Marzo 2014 13:54
  • Desde mi teclado

    Desde mi teclado

    Miércoles, 01 Mayo 2013 09:48
  • Crítica cumple 100 años

    Crítica cumple 100 años

    Domingo, 01 Septiembre 2013 00:00

Redes Sociales

Newsletter

Suscríbase a nuestras newsletters para recibir nuestros últimos comunicados
eMail incorrecto