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Iconos femeninos en el Cine

Escrito por: Tomás Domingo Moratalla
Marzo - Abril 2012

Del estereotipo femenino a las imágenes de mujer

En estas líneas quisiera poner de relieve el poder de la representación, sea del tipo que sea, para producir realidad o cambiarla –ahora nos centramos en las imágenes de lo femenino–. El poder de la representación reside en su carácter icónico que es su medio de expresión. Los iconos femeninos en el cine reflejan el imaginario de lo femenino y al mismo tiempo contribuyen a crearlo.

Iconos, estereotipos, imágenes

¿Qué es un icono? El diccionario de la Real Academia ofrece cuatro acepciones del término “icono”, y las cuatro son muy pertinentes para nuestra reflexión. El icono es: 1) una representación religiosa de pincel o relieve, usada en las iglesias cristianas orientales; 2) una tabla pintada con técnica bizantina; 3) un signo que mantiene una relación de semejanza con el objeto representado; y 4) un símbolo gráfico que aparece en la pantalla de un ordenador u otro dispositivo electrónico y que representa un programa, un sistema operativo, etc. El cine, como representación narrativa, interviene en esta cuádruple significación de lo icónico. En primer lugar, lo femenino en el cine es “representado”, es decir, no es una copia tal cual, no es un simple documental. En segundo lugar, la representación de lo femenino es icónica porque adquiere consistencia, continuidad, más allá de una aparición puntual. En tercer lugar, las representaciones se encuentran vehiculadas por quien los pone en marcha (actoras, actores, directores, directoras, etc.). Y, por último, y yendo más allá del mundo informático que nos ofrece la definición de la RAE, los iconos femeninos desempeñan una función; se definen por lo que hacen o provocan. Lo veremos en seguida a través de algunos ejemplos. Por tanto, la representación de lo femenino es icónica y, por eso, dichas representaciones se convierten en imágenes de la mujer. Los iconos femeninos, las imágenes de mujer, pueblan el imaginario social.

El imaginario social es el conjunto de ideas, creencias, convicciones o representaciones de una determinada sociedad, o de un grupo social. Son formas de ver el mundo que “están ahí”. No es algo meramente ideal o subjetivo; poseen un carácter normativo en la medida en que orientan y promueven algunos comportamientos y desaconsejan otros. El imaginario social cumple una función mediadora entre la inteligencia y la sensibilidad, entre lo cognitivo y lo emocional, entre lo público y lo privado. Por otro lado, y muy importante para lo que nos ocupa, nos ofrece una forma compartida de comprensión que es condición de prácticas comunes y confiere, además, un sentimiento compartido de legitimidad. Es precisamente en este nivel donde se inscriben los iconos femeninos en el cine.

¿Cómo son las representaciones de lo femenino en el cine? Creo que se ha producido cierta evolución; buena parte del cine actual, sin duda el de más calidad –incluso el comercial–, busca alejarse de los estereotipos y distanciarse del encasillamiento en que lo femenino ha solido encorsetarse (sin que lo haya conseguido completamente). A veces el cine nos ofrece imágenes que chocan con la mentalidad en que estamos anclados; ocurre como si la conformación de nuestro imaginario social nutrido de otras fuentes se resistiera a lo que el universo de la ficción cinematográfica nos ofrece. No quiero decir con esto que no se manejen estereotipos y que en muchas películas no se repitan hasta la saciedad, lo que quiero decir es que el cine más reciente, al menos buena parte, ha superado determinado tipo de encasillamiento de lo femenino. Esto lo digo de una forma excesivamente general, habría que decirlo de una forma más concreta y particular: un grupo de mujeres han conseguido, no ellas únicamente pero sí básicamente ellas, romper el encorsetamiento de la imagen de la mujer en el cine. Los papeles protagonizados por algunas de ellas han hecho que su presencia sea más plural. Se ha dado un paso del estereotipo de lo femenino a un universo plural de imágenes de mujer. Creo que actualmente hablar de “iconos femeninos en el cine” refiriéndonos, por ejemplo, a la mujer madre, la mujer perversa, la mujer fatal, la mujer rebelde, etc., no deja de ser una forma pobre de aludir a la presencia de la mujer actual en el cine. Lo que estaríamos haciendo no sería más que reforzar el estereotipo, que como digo no coincide con la realidad cinematográfica, y no ofreceríamos iconos femeninos sino tan sólo caricaturas.

Una generación de actrices

Las mujeres en el cine han conseguido romper esta caricatura. Quisiera mostrar como ejemplo de esta tesis que defiendo el trabajo de algunas actrices que han inaugurado una nueva presencia de la mujer en el cine. No tengo ánimo de exhaustividad, tan sólo hacer una pequeña selección de actrices actuales que: 1) se encuentran en el esplendor de su carrera, llevan unos veinte años y pueden tener otros tantos de producción cinematográfica plena y 2) poseen ya en estos momentos una abundante cinematografía (más de treinta películas). Pediría al lector que se fijara en Penélope Cruz, Scarlett Johansson, Angelina Jolie, Hilary Swank y Charlize Theron.

Nacieron a comienzos de los años setenta del siglo pasado (excepto Scarlett Johansson, mucho más joiiconoss ven –unos diez años–, pero a diferencia de las otras comenzó a hacer cine muy pronto, siendo apenas una niña). Sus primeras películas son de los comienzos de los años noventa. Las cinco tienen una amplia carrera; más de 30 películas (la más comedida es sin duda H. Swank). Las cinco han sido reconocidas con numerosos premios; todas, a excepción de S. Johansson, han recibido algún Oscar. Constituyen, sin duda, una generación de mujeres en el cine, y ofrecen imágenes de mujer que van más allá del estereotipo. Son mujeres que han luchado por llegar a dónde han llegado. Ese carácter de lucha por hacerse un lugar “en tierra de hombres” lo han reflejado en muchas de sus películas. Hagamos un breve, pero intenso, recorrido cinematográfico.

En primer lugar, y por empezar por la más joven, Scarlett Johansson. Probablemente es la más plana en sus interpretaciones, siempre correcta y nunca excesiva. El mundo mediático ha querido hacer de ella una “sex-symbol”, pero sus interpretaciones y películas han estado siempre más allá de este estereotipo, lo que personalmente le honra. Ha interpretado personajes femeninos envueltos en tensión, en conflictos; basta recordar alguno de sus papeles adolescentes (Ghost World, 2001). Sobre todo ha llevado a la pantalla mujeres que han hecho de la comunicación, o su falta de ella, su razón de ser; películas como La joven de la perla (2003), en su cercanía y distancia con el pintor, con el espectador, o Lost in translation (2003), son un buen ejemplo de ello. Es una actriz no encasillable, aunque fácilmente pudiera serlo. Así ha sabido ofrecernos imágenes de mujeres de una vida cotidiana donde puede irrumpir lo sorprendente.

Penélope Cruz era una chica de Alcobendas que soñaba ser actriz, y soñaba serlo en Hollywood. Ha conseguido su sueño; ha alcanzado lo que ninguna actriz española ha logrado hasta la fecha. Buena parte de su éxito reside en haber coincidido, o buscado la coincidencia, con grandes directores como Pedro Almodóvar o Woody Allen, y no es que le hayan dado papeles a su medida, sino que ella ha sabido hacerse a la medida de sus papeles; ahí reside su mérito. De su extensa filmografía, y en función de nuestro fin perseguido (imágenes de mujer en el cine), me gustaría retener un título: Volver (2006).

En ella nos encontramos con una mujer que ante las dificultades que se va encontrando sabe hacerles frente con total “normalidad”, sin aspavientos y con cierto coraje en lo cotidiano. Valga como ejemplo de una presencia femenina más allá de caricaturas.

Charlize Theron procede del mundo de la moda, un mundo productor y reproductor de estereotipos. Atrás quedan sus apariciones en anuncios de televisión. Rompiendo los moldes que, en un primer momento, bien podrían aplicársele ha protagonizado películas que han buscado cuestionar tópicos, estereotipos e iconos. Ha llegado incluso a transformarse físicamente, superando el “inconveniente” del exceso de belleza y glamour; su calidad interpretativa ha estado por encima del mundo que se ha encontrado. Podemos destacar, en esta línea, su magnífica y comprometida película En tierra de hombres (2005).

Angelina Jolie es otra de estas actrices que ha sabido romper estereotipos que sobre ella han planeado y en los personajes que ha caracterizado. Desde la premiada Inocencia interrumpida (1999) hasta El intercambio (2008), pasando por sus apariciones como Lara Croft, ha combinado diferentes géneros y diferentes imágenes de mujer.

En ese combate contra los estereotipos femeninos ocupa un lugar especial las dos veces ganadora del óscar Hilary Swank. Muchos de sus personajes han sido mujeres que han reivindicado un lugar en el mundo: una forma de pensar y sentir. Así sucede en las películas por las que recibió el óscar Boys don’t cry (1999) o Million Dollar Baby (2004): una adolescente no conforme en su cuerpo de mujer o una joven que busca pertenecer a un mundo de hombres. No podemos olvidar en esta historia de “luchas por el reconocimiento” su interpretación de Amelia (2009), la historia de la primera mujer piloto que intentó dar la vuelta al mundo, Ángeles de hierro (2004), donde interpreta a una de las iniciadoras del movimiento sufragista, o Diarios de la calle (2007), una de las películas donde mejor se ha recogido la figura de la persona entregada a la tarea educativa.

En definitiva, son mujeres –actrices– que han luchado por hacer un determinado tipo de películas, haciendo también otras películas. A su vez, han representado a mujeres que han luchado por ser reconocidas. Podríamos decir que reflejan la actitud de buena parte de los personajes que han interpretado. Son sólo un ejemplo. Muchas otras han contribuido también a que la presencia de la mujer en el cine sea menos tópica y menos tipificada, y sea más compleja y llena de matices. En esta tarea no podemos olvidar tampoco el trabajo constante de las directoras de cine. La lista sería muy amplia. Baste mencionar alguna de ellas como Jane Campion (El piano, 1993), Isabel Coixet (Mi vida sin mi, 2003) o, más recientemente, Susanne Bier (En un mundo mejor, 2010).

Mucho por hacer

Estas mujeres nos han mostrado que la presencia de la mujer en el cine puede estar más allá del tópico. Han encarnado identidades plurales, un femenino plural. A veces nos quedamos anclados en los tópicos, en los estereotipos o en los iconos, y no sabemos, o podemos, dar ese paso adelante que haga que el imaginario social se enriquezca con estas nuevas imágenes. Es una tarea educativa. Quizás hoy en día el riesgo del estereotipo (también sexista) venga de otras pantallas, y no principalmente de la cinematográfica. Pensemos en las pantallas que nos rodean (móvil, tablets, ordenadores, videojuegos, etc…) y en los mundos (con sus personajes) que nos ofrecen. Si el mundo se ha convertido en una gran pantalla -“pantallaesfera”, en una pantalla global-, la educación deberá acompañar a este mundo para que sea pantalla “asistida”, “pantalla educada”. No se trata de condenar este nuevo mundo sino ser capaces de vivirlo crítica y responsablemente.

Pero con respecto a estas imágenes de mujer a las que me he referido en los párrafos anteriores nos queda al menos una tarea, y sobre todo, nos queda una tarea a los hombres. ¿Por qué cuando vemos a estas mujeres en la pantalla, grande o pequeña, las vemos representando a mujeres y no representando, ante todo, la vida de hombres y mujeres? ¿Por qué los hombres no nos podemos identificar con muchas de las luchas y sufrimientos (y conquistas y alegrías) de estos personajes “femeninos”? ¿No son también las imágenes de mujer imágenes de todos? ¿No son también imágenes de humanidad? Algunos buscarán una disculpa responsabilizando a nuestra educación, ¡quizás a nuestras madres! Demasiado fácil para ser cierto. ©


Tomás Domingo Moratalla

Profesor de Filosofía Moral - Universidad Complutense de Madrid


 

 

Iconos femeninos de nuestro tiempo

Iconos femeninos de nuestro tiempo

El artículo marco de este monográfico es “El feminismo hoy”, punto de partida para ahondar en el conocimiento de la mujeres que han destacado en el campo del saber y de la cultura. Haciendo un repaso de todos aquellos iconos femeninos de la literatura, la ciencia y la investigación, en el cine y la publicidad, mujeres en el poder, la educación, el deporte, la poesía y la religión.


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