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Nuestros miedos cotidianos

Escrito por: Juan Cuberes Fernández
Enero - Febrero 2012

El miedo es algo cotidiano, es una emocion muy básica, con la que debemos lidiar todos los dias. A veces ni siquiera somos conscientes de su presencia. Esto es así, porque el miedo nos produce tal sensación de terror, de pánico, de vulnerabilidad, que preferimos olvidarnos de él, enterrarlo, ocultarlo siempre que sea posible. Si una persona es humillada socialmente en una ocasión, tendrá miedo a que dicha situación se vuelva a repetir, el verse tan vulnerable, tan débil, tan despreciada por los demás fue tan desagradable, que ahora buscará los medios para que aquello jamás pueda volver a ocurrir de nuevo. Así es como nos hacemos las corazas: si soy el mejor en mi trabajo todo el mundo me va a respetar mucho, nadie me va a tratar mal porque se me necesita economicamente, entonces puedo estar tranquilo, ya no siento miedo. Lo mismo ocurre si soy muy inteligente, o tengo mucho dinero, o soy muy atractivo, o tengo mucho poder en algún otro sentido. Muchas personas que aparentan gran fortaleza ante los demás lo único que tienen es una gran coraza que les hace sentirse seguros.

Nadie percibe el gran miedo que hay debajo, pero saquémos al gran abogado de su despacho, o al gran empresario de su mundo empresarial, pongámosles en un ambiente que les sea desconocido, en el que no tengan poder ni experiencia alguna, en el que no tengan subordinados, ni gente que les admire o les tema, y veamos que sucede. En realidad las corazas no hacen sino retroalimentar el miedo que nos tenemos entre nosotros. Es como si saliéramos a la calle un día y viéramos que todo el mundo lleva puesta una armadura, pues evidentemente temblaríamos de miedo, porque es obvio que algo peligroso tiene que estar ocurriendo, y correríamos a buscar una armadura propia, para no ser los únicos sin protección. Lo mismo ocurre a nivel psicológico.

El miedo es una cuestión social

El miedo se contagia muy deprisa, es como un virus. Alguien es herido por otra persona, y entonces ese alguien se proteje por miedo a que le puedan volver a herir, pero su sensacion de miedo se transmite sutilmente a todo aquel con el que se relaciona, porque los demás ven que esa persona tiene miedo, que se protege mucho, que algo le ha pasado que percibe el mundo como peligroso, que mira a la gente con desconfianza, que no está tranquilo, y evidentemente, a ellos mismos les entra miedo de verle así. El miedo no es sólo algo individual, sino una cuestión social. Una sola persona con miedo transmite inconscientemente a todos los demas que el mundo es un lugar peligroso, que la gente es peligrosa, y si estás rodeado de personas así, tu mismo no puedes evitar tener las mismas sensaciones y a su vez transmitirlas. El miedo se va diluyendo entre la gente, nos esforzamos por ocultarlo, por taparlo, pero así sólo generamos más miedo. Alguien que ha sido intimidado frecuentemente busca intimidar a otros para tapar el miedo que ha sentido, trata de invertir la situación produciendo miedo él, y así se siente seguro y poderoso, niega su miedo, la cuestión es que esos otros a los que ahora él intimida harán lo mismo a su vez con otra gente, y así el miedo se extiende exponencialmente. Tenemos miedo unos de otros, y cuanto mas nos protegemos, cuanto más cedemos al miedo, más miedo tenemos, nos distanciamos, estamos a la defensiva.

Estamos aislados

Nunca antes ha existido una sociedad tan inmensa como la nuestra, y nunca, a su vez, ha estado el hombre tan solo en ella. No hay más que salir a la calle para ver la inmensidad de las ciudades en las que vivimos, la cantidad de gente que vive en ella a la cual no conocemos, la cantidad de casas y edificios, las empresas enormes, la burocracia impersonal que manejan a las gentes en masa como números, y en este inmenso océano vive la persona, aislada, sola, ¿cómo podría esa persona no sentir miedo, no sentirse impotente e insegura en ese mundo? Comparemos por un momento nuestra situación con una situacion de guerra. En la guerra, la vida corre peligro inminente. En el momento menos esperado el enemigo puede atacar, alguien nos puede disparar, pueden empezar a caer bombas, existir minas por donde pisamos o haber francotiradores escondidos. El peligro está por todas partes y el miedo sería una constante en una situación tan dramática para la supervivencia. Por otro lado, en la guerra contamos con un bando al que pertenecemos, miles y miles de hombres que se juegan la vida igual que nosotros; para ellos, su supervivencia es la nuestra, esos hombres dependen los unos de los otros, por lo que desarrollan intensos sentimientos de compañerismo, unidad y fidelidad. Nada de lo que le pase a cualquier soldado es irrelevante, porque todos los demás saben que en cualquier momento les puede pasar a ellos eso mismo, por lo que el respaldo a cualquiera de los miembros es total, nunca se abandona a nadie y no se duda en arriesgar la vida para salvar la de otro compañero. ¡Cuán distinta es nuestra situación habitual! Nosotros estamos ante todo aislados los unos de los otros, cada uno debe arreglárselas por su cuenta y competimos con los otros por la supervivencia. El sistema económico nos determina. Estamos rodeados de personas, de comercios, de corporaciones cuyo objetivo fundamental es vendernos algo para conseguir ellos un beneficio propio. Por mucho que nos ofrezcan cosas que realmente necesitemos, no podemos evitar saber que su objetivo último nunca es nuestro bienestar real, sino su propio ánimo de lucro. ¿Cómo no podemos desconfiar y tener miedo en tal situación? Estamos siempre pendientes de que nadie nos engañe, nos time, nos robe, o se aproveche de nosotros, porque al fin y al cabo la supervivencia de los otros en nuestra sociedad, se realiza a costa de la nuestra.

Todo el mundo tiene miedo

Para sobrevivir en nuestra sociedad, de hecho, uno se debe mantener con miedo, distante, con desconfianza. Nuestro jefe puede ser muy bueno con nosotros, el vendedor muy amable, los compañeros de trabajo muy cercanos, ¿pero cómo fiarnos de ellos sabiendo que el fin último de esas personas es al fin y al cabo su propio beneficio? Sabemos que a la hora de la verdad mirarán sólo por ellos y raramente por nosotros. Aprendemos a ser fríos y distantes, el que es demasiado confiado corre el riesgo de dejarse engañar o estafar por cualquiera. Observamos este panorama cada dia con terror y desolación y todo el mundo tiene miedo. Trabajamos, estudiamos, y los demás son nuestros competidores. Si mis compañeros son muy buenos, eso implica un peligro automático respecto a mi supervivencia, porque corro el riesgo de que los clientes o las empresas les contraten a ellos antes que a mí, y que yo me quede en paro. Por lo tanto, no podemos evitar desear que a los otros les vayan mal las cosas, pero sabemos que esos otros desean lo mismo para nosotros y de nuevo sentimos miedo. ¿No es más aterradora nuestra situación a la de una situación de guerra en muchisimos sentidos? En la guerra arriesgamos nuestra vida por la persona que tenemos a nuestro lado, pero hoy pasamos al lado de un pobre moribundo y ni siquiera estamos dispuestos a darle unos euros para que coma. Y así como en la guerra nos sentimos arropados pese a todos los peligros, en nuestra sociedad nos sentimos desamparados pese a tantas seguridades.

Miedo cotidiano y paradójico

El miedo es cotidiano, llaman a la puerta y sentimos miedo, quizás sea alguien que venga a hacer publicidad, un desconocido o un vecino. No voy a saber reaccionar ni qué decirle, al final acabaré haciendo el ridículo y la persona pensará que soy idiota o descortés. Quizás sean unos asaltantes o unos timadores como esos que se oyen por las noticias. O quizás sean los hijos del vecino gastándome una broma, pero tengo miedo, no sabría qué hacer ni qué decirles, antes de salir a decirles nada mejor llamo a la policía y que les metan en la cárcel. El problema es que si llamo a la policía y al final no hay peligro, pensarán que soy un alarmista o un cobarde. Además, puede que venga uno de esos policías corruptos que se oyen a veces por las noticias, o peor, que venga una banda de ladrones vestidos de policías, que fingen serlo para intimidar a las personas. Entonces acabaría raptado y torturado. No me puedo fiar de nadie, si nos ponemos a pensar en los peligros potenciales ¿Cómo estar seguros de nada?

El miedo es paradójico. A veces nos ayuda a evitar aquello que nos podría dañar. Tengo miedo de quedarme en paro y busco un trabajo, tengo miedo de suspender un examen así que me lo estudio. Todo esto es efectivo, evita aquello a lo que temo. Pero ocurre que a veces el miedo termina atrayendo hacia nosotros, aquello que precisamente nos da miedo. Por ejemplo, si tengo miedo de sonrojarme delante de alguien, tengo todas las papeletas para que me sonroje delante de esa persona, justo de esa, y no de otra. Y cuanto más miedo tenga, cuantos mas esfuerzos haga para que no me pase, mas posibilidades habrá de que me ocurra. Es desesperante. La solucion en estos casos nunca es conseguir seguridad, sino tolerar la inseguridad. Si con otras personas no me sonrojo no es porque tenga la seguridad de que no me va a pasar sino precisamente, porque si me sonrojara, me daría igual, por eso no tengo miedo y por eso no me pasa. Un psicólogo que me tratara este problema, me diría que no evitara el sonrojarme delante de esa persona, que me expusiera, que me diera cuenta de que no es tan terrible como yo pensaba, y que así le perdiera el miedo a que me volviera a pasar, solo así conseguiría dejar de sonrojarme: porque ya me daría igual que me ocurriera. El miedo siempre aparenta ser más terrible de lo que luego realmente es cuando se afronta, cuando nos damos cuenta de esto pierde su gran poder sobre nosotros.

Realizar aquello que temes

Viktor Frankl, psiquiatra, inventó un tratamiento muy conocido para este tipo de problemas, lo llamaba intencion paradójica: hay que hacer intencionadamente aquello que temes que te pase, ¡si tienes miedo de sonrojarte lo que tienes que hacer es esforzarte por sonrojarte aposta! El mecanismo es el mismo, ya que se trata de perder el miedo a eso tan temido. Haces adrede aquello que te da tanto miedo, y al ver que no es tan terrible, dejas de tenerle miedo. Pero las cosas no son tan sencillas. Un jugador de futbol falla un penalti porque lo tira con miedo, su miedo atrae exactamente lo que pretende evitar, habría que ayudarle, ¡pero a ver quién le dice que lo que tiene que hacer es fallar aposta cuando tire!

Luego tenemos la cuestión de los enamoramientos. Baste que a una persona le guste una mujer, un hombre, para que instantaneamente surja el miedo delante de él o ella. Cuando te gusta alguien, tienes miedo de no gustar al otro, por lo que automáticamente ocurre precisamente eso: estás más inseguro frente a él o ella, no estás cómodo, te muestras patoso, torpe, sin confianza. Te muestras de la manera necesaria para no resultar atractivo, para no gustar a esa persona, y cuanto más y más te guste, cuanto más miedo tengas de no gustarle, más inseguro estarás y más te ocurrirá esto. La solución, como en el caso del sonrojarse, estaría en que te diera igual no gustarle a esa persona, si, ¿pero como te va a dar igual si precisamente te gusta? ¿Cómo vas a aplicar la técnica de Frankl con esto y vas a esforzarte en no gustar deliberadamente a esa persona? Y sin embargo esto pasa espontáneamente. Hay personas que se vuelven desagradables con las personas que les gustan, es un truco. Si me gusta una persona y tengo miedo a no gustarle, puedo rechazarla, volverme desagradable, y así no me arriesgo a intentar gustarle y luego fracasar. Evitamos sentir miedo, porque es un sentimiento que nos hace sentir vulnerables. Lo ocultamos, lo tapamos, lo racionalizamos.

El miedo es una trampa

Puedo pensar que a mi no me gusta estudiar, cuando la realidad es que tengo miedo a esforzarme estudiando y fracasar. Puedo preferir pensar que no me gusta viajar, cuando en realidad lo que me pasa es que me da miedo montar en avión. Pienso que quiero mucho a mis amigos, cuando en el fondo lo que tengo es miedo de quedarme solo. Tengo miedo de caer mal a unas personas, así que pienso que son unos tontos, así me protejo del riesgo de caerles mal, como he desvalorizado su opinión ya les tengo menos miedo. Se habla de un tema del que yo no tengo ni idea, tengo miedo a parecer un ignorante, pero digo, o pienso, que ese tema es una estupidez y así me cubro las espaldas.

Nos hacemos inconscientes del miedo, no queremos verlo, huimos de él, nos protegemos de él, no queremos saber nada. Luego aparece repentinamente en nuestras vidas y nos sorprendemos mucho, porque creíamos ser personas muy seguras que nunca antes habian sentido miedo. El problema es que tapar el miedo es lo que hace que éste nos coja luego por sorpresa. Cuanto más a los ojos se le mira al miedo, más se le identifica, se hace consciente y se intenta afrontar y menos poder tiene sobre nosotros. Lo contrario es dejarnos invadir por él, quedar limitados y atrapados.Y es que el miedo nos atrapa. En cuanto intentamos protegernos ante algo nos hacemos más vulnerables frente a eso. Por ejemplo alguien tiene miedo de enfermar, se protege frente a ello, va al médico constantemente, es un maniático de la salud, de su alimentación, de hacer ejercicio y dormir bien, pero si todo eso lo hace por miedo, no hace más que alimentarlo y se hace cada vez más vulnerable ante él. Cualquier mínimo signo de no tener una salud perfecta le puede producir pánico porque precisamente está siempre pendiente de eso. La anoréxica es la persona mas delgada del mundo, y también la que más miedo tiene a ganar siquiera unos gramos por temor a parecer gorda, ya que toda su vida se centra en alimentar ese miedo protegiéndose contra él. El vigoréxico es el hombre super musculado, con terror a no entrenar un dia y verse como un debilucho, vuelve a ser lo mismo. Nos volvemos perfeccionistas para hacer las cosas bien por miedo a hacerlas mal, y acabamos angustiadísimos por pequeños detalles, de nuevo nos hemos hecho demasiado vulnerables. 

Y es que muchas veces buscando seguridad acabamos inmersos en lo contrario. El miedo es una trampa. Hay que entenderlo antes de taparlo, hay que conocerlo antes de evitarlo.©


Juan Cuberes Fernández

Psicólogo. Especialista en Psicopatología y Salud


 

 

Repaso a nuestros miedos

Repaso a nuestros miedos

¿Qué es el miedo? ¿Cuál es su origen? ¿Son diferentes los miedos de la mujer y del hombre? La construcción social del miedo; El miedo en niños y adolescentes; El miedo desde la perspectiva de la fe; Miedo y pobreza; Miedo y vejez; El cine y el miedo; Miedos cotidianos; El miedo a la muerte, al fin del mundo... En éste monográfico trataremos de dar respuestas a los interrogantes y tratar el miedo desde todas las vertientes.


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