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El miedo al apocalipsis o el miedo a nosotros mismos

Escrito por: Isabel Romero
Enero - Febrero 2012

El cine apocalíptico llena las pantallas de los cines en los últimos años. Mucho más, en la proximidad de este fatídico año 2012, condenado aparentemente, por la mitología maya, a ser el último, una vez más, del planeta Tierra. 

La literatura de los últimos días es más antigua, casi tanto como la humanidad misma. Todas las mitologías y casi todas las religiones hablan del final del mundo igual que hablan de la creación del mismo. Pero cuando se refieren a ello, lo hacen para explicar el fin del ciclo de la vida en la Tierra, según sus creencias. En las escatologías míticas o religiosas, el fin del mundo suele estar asociado a un juicio o cataclismo final en el que las diversas representaciones del mal son vencidas por las del bien; ya sea para renacer a un nuevo ciclo vital o someterse definitivamente a las fuerzas benéficas.

Desde hace poco más de un siglo, la literatura propiamente dicha está roturando el tema apocalíptico, investigando aspectos propiamente humanos, impensables antes de la aparición de estas obras, con resultados verdaderamente significativos que abren paso a la reflexión sobre el sentido y porqué de la existencia, así como a la expresión metafórica de nuestra condición.

Literatura apocalíptica

Podemos datar el comienzo de esta literatura en torno a finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, con las novelas de H.G Wells. Aunque la mayoría de ellas no son propiamente apocalípticas, sí tratan de cambios sociales drásticos y apuntan a la experiencia del miedo provocado por la guerra alimentada por los avances científicos e industriales. Su obra Un mundo feliz (1932) ha resultado emblemática en este género, aunque la más claramente apocalíptica es La guerra de los mundos (1898).

En esta época, también empiezan a ser patentes los desastres que generan la colonización y la explotación indiscriminada de extensos territorios vírgenes.

Todos estos factores: revolución científico-técnica, guerras, desplazamientos masivos de poblaciones, expoliación de recursos, dictaduras… se reflejan en diversas obras literarias que ahora agrupamos bajo el subgénero llamado de “ciencia ficción” o de “anticipación”, y que tienen como rasgo común la representación de sociedades caracterizadas con rasgos totalitarios, muchas veces dominadas por personajes tiránicos y sometidas a su poder mediante propaganda intrusiva, métodos de control mental o vital, gracias a métodos científicos sofisticadísimos, de drogas o represión de cualquier tipo. Esas representaciones sociales son llamadas “distopías”, en contraposición a las “utopías”, visiones ideales positivas de lassociedades.

 Los relatos anti-utópicos

Las proyecciones distópicas se hacen en el futuro (un futuro muchas veces indeterminado) en el que los autores imaginan unos personajes, pero también metaforizan el presente. Las distopías no se basan, por lo general, en los temores subjetivos de sus autores, sino que tratan de proyectar los miedos colectivos de su época y el contexto socio- político en que son concebidas, ya que estos autores –como cualquier individuo que forma parte de una sociedad– interactúan con los problemas que rodean su existencia. Por ejemplo, los peligros del socialismo de Estado, de la mediocridad generalizada, del control social, de la transformación de la democracia liberal hacia un sistema totalitario, del consumismo y del aislamiento, fueron observados por algunas distopías del siglo XX. Una buena muestra de ello en el cine es la revolución de las masas de Metrópolis (Fritz Lang, 1927), o la distorsión de la memoria histórica y la inteligencia individual en 1984 (G.Orwell, 1948) o en Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1953; F. Truffaut, 1966).

Las distopías siempre se contextualizan en la tensión mercado–Estado, y suelen hacer hincapié en algunos aspectos determinados de dicha coyuntura. Muestran el lado oscuro al que podrían deslizarse aquellas sociedades que quisieran llevar al extremo el progreso científico y técnico, sin tener en cuenta los aspectos éticos; las consecuencias de que los Estados o las grandes corporaciones industriales adquieran cada vez más poder. Además, el siglo XX es el de las guerras más devastadoras de la historia y el tiempo en el que las grandes corporaciones económicas amenazan con controlar los estados y las sociedades.

Enemigos unos de los otros

¿Qué imagen del ser humano puede generar esta obsesión por el poder, el dinero y el control que rige esta época? Es imposible no ver reciprocidades entre las transformaciones políticas, económicas, sociales y científicas y los relatos anti-utópicos. De hecho, esta correspondencia llega hasta nuestros días, textos como La parábola del náufrago de Delibes o Ensayo sobre la ceguera de Saramago imaginan situaciones en las que transformaciones fantásticas o una ceguera repentina y fuertemente contagiosa hacen que los ciudadanos se vuelvan enemigos unos de otros, abandonando los convencionalismos sociales y las reglas más elementales de convivencia.

Tras el final de la Guerra Fría y la caída del Muro, parecería que el miedo aumenta en los ciudadanos de las sociedades más desarrolladas. En ellas la obsesión por la seguridad y el miedo a los ataques terroristas, a las conspiraciones de las multinacionales, a la corrupción de los políticos, las enfermedades víricas, la delincuencia, la pérdida del puesto de trabajo y, no en último lugar, el cambio climático y la destrucción de la vida en la Tierra, han sustituido a la convicción generalizada que todos tuvimos en los años 60 y 70, de que una devastación nuclear acabaría con la humanidad. Esos miedos nutren ahora las creaciones distópicas, esbozando en ellas sistemas de opresión en los que hombres y mujeres cumplen un papel similar al que desempeñan los peones en un juego de ajedrez. Quienes los manejan tienen una capacidad de control inconcebible y frente a ellos no hay posibilidad de salir triunfantes.

Menciono a continuación, las películas que me parecen más significativas en este sentido. Además de las ya citadas, encontramos: Blade Runner (Ridley Scott, 1982); Doce monos (Terry Gilliam, 1995); Gattaca (Andrew Niccol, 1997); Matrix (Wachowski, 1999-2002); V de Venganza (James McTeigue, 2006); Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006); La carretera (C. MacCarthy, 2006); (J. Hillcoat, 2009); Contagio (S. Soderbergh, 2011); Falling Skies –serie- (S.Spielberg, 2010); The Walking Dead (Robert Kirkman, 2003–F. Darabont, 2010). Esta última también es una serie televisiva, basada en una novela gráfica, producida por la Fox, en la que un grupo de personas trata de sobrevivir después de que casi toda la humanidad ha perecido víctima de un virus que los convierte en zombis.

A pesar de que casi todas estas historias parten de actuaciones irresponsables, pero totalmente conscientes de los seres humanos, algunas de esas creaciones pueden presentar un futuro dantesco como simple escenario para desarrollar una trama con tintes bélicos o policiacos. Otras aluden a la relación hombre– máquina y, en consecuencia, a la pregunta por lo esencial humano, que no vamos a desarrollar aquí. Por ejemplo, Matrix (ya citada); Inteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001) o Yo, Robot (Alex Proyas, 2004). Y otras, las más recientes, a formidables catástrofes naturales, producidas por el calentamiento global o el desequilibrio ecológico, que la humanidad vive como consecuencia (¿castigo?) de su irresponsabilidad con el planeta.

Ante situaciones límite

Voy a referirme más detalladamente a las tres últimas obras citadas más arriba: La carretera y las dos series televisivas Falling Skies y The Walking Dead, que se emiten actualmente, ambas en su segunda temporada.

La carretera es una novela post-apocalíptica escrita en 2006 por el escritor estadounidense Cormac Mc- Carthy, creador de otras como No es país para viejos y la trilogía de La Frontera. Esta fue galardonada con el Premio Pulitzer de 2007, además de otros prestigiosos premios.

La novela cuenta una historia, sucedida en un futuro impredecible, pocos años después de que el planeta hubiera sido devastado por una catástrofe indeterminada (podría ser una guerra o accidente nuclear, o el impacto de un meteorito). La vida ha desaparecido de la Tierra. Los humanos supervivientes deambulan agrupados en hordas caníbales o huyendo de ellas, buscando alimentos en conserva en edificios o pueblos ruinosos. La luz del sol no logra atravesar la capa de nubes. Los días se suceden grises y helados, salpicados de lluvias o nevadas intempestivas. En este paisaje desolador, los protagonistas del relato son un padre y su hijo que viajan hacia el mar, buscando lugares tal vez más cálidos, donde puedan refugiarse por más tiempo. Tanto la novela como la película transmiten un mensaje estremecedor, pues los personajes no se ocupan sólo de sobrevivir, sino de sobrevivir humanamente. En un entorno así, donde se han perdido todos los referentes culturales, sociales y religiosos, preservar la humanidad y transmitirla se convierte en una empresa titánica que el padre acomete a pesar de su propia oscuridad e incertidumbre.

Por otra parte, The Walking Dead está ambientada en la América rural, y narra la odisea de un grupo de supervivientes en un mundo, prácticamente destruido, en el que la humanidad está a punto de perecer víctima de una pavorosa enfermedad causada por un virus, a consecuencia de la cual, los enfermos mueren, pero, al cabo de unas horas, sus cuerpos muertos “resucitan” a un estado de muerte viviente. En esa situación, los muertos-vivos se convierten en “caminantes” que deambulan en grupos caníbales, pues sienten avidez constante por comer carne humana. Por supuesto, la mordedura de esos caminantes transmite la enfermedad y el único modo de acabar con ellos es destrozando sus cerebros.

De nuevo nos encontramos con una situación límite que supone la destrucción de toda la estructura social y el regreso al agrupamiento en hordas o tribus que luchan por la supervivencia más básica. Sin embargo, el cine americano vuelve a brindarnos la que considero su aportación esencial: el indomable espíritu de superación de los personajes que, a pesar de sentirse perdidos y abandonados, no desesperan de encontrar una salida. Su terrible experiencia les obliga a preguntarse por el sentido de la vida, por la fe y la esperanza, por la existencia y la providencia de Dios.

Finalmente, Falling Skies cuenta la historia de un grupo de supervivientes de una invasión alienígena que, además de destruir la tecnología avanzada y los suministros eléctricos, elimina a la gran mayoría de las fuerzas militares de todos los países en un corto espacio de tiempo. Los extraterrestres capturan a los niños humanos para someterlos a su voluntad colocándoles en la espalda un yugo de metal dotado de largos cables que se introducen en la columna vertebral del portador. Los grupos de supervivientes se parecen a los maquis franceses y en ellos se viven experiencias heroicas junto a comportamientos mezquinos.

Los protagonistas de estas historias representan al ciudadano medio, acostumbrado a vivir cómodamente sin hacerse demasiadas preguntas, hasta que una circunstancia demoledora los saca de sus confortables y átonas vidas para enfrentarlos a las últimas preguntas de la existencia.©


 Isabel Romero

Universidad Pontífica de Comillas


 

Repaso a nuestros miedos

Repaso a nuestros miedos

¿Qué es el miedo? ¿Cuál es su origen? ¿Son diferentes los miedos de la mujer y del hombre? La construcción social del miedo; El miedo en niños y adolescentes; El miedo desde la perspectiva de la fe; Miedo y pobreza; Miedo y vejez; El cine y el miedo; Miedos cotidianos; El miedo a la muerte, al fin del mundo... En éste monográfico trataremos de dar respuestas a los interrogantes y tratar el miedo desde todas las vertientes.


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