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Miedos comunes en los docentes

Escrito por: María Prieto Ursúa
Enero - Febrero 2012

El miedo es una de las emociones más básicas del ser humano y, como tal, tiene la función de preparar para la acción. En concreto, es la reacción de nuestro organismo ante situaciones que interpreta como amenazantes o peligrosas para nuestra vida o nuestra integridad. En este tipo de situaciones, nuestro cuerpo optimiza los recursos necesarios para defenderse, atacar o salir corriendo: se producen unos cambios fisiológicos que suponen la paralización de todas las funciones no imprescindibles para la supervivencia inmediata (digestiva, reproductora…) y la activación de aquellas que son más útiles: cogemos más oxígeno, la sangre se concentra en los grandes grupos musculares, aumenta la tasa cardíaca…

Como podemos suponer, por tanto, el miedo no es un problema en sí mismo. Es una gran ayuda cuando realmente la situación en que estamos es peligrosa. El problema empieza cuando reaccionamos con miedo a situaciones que interpretamos como peligrosas cuando en realidad son inofensivas, o cuando reaccionamos a situaciones levemente peligrosas con un miedo de intensidad desproporcionada.

Vamos a revisar en primer lugar cuáles son los miedos más habituales de los profesores para pasar a continuación a un análisis más profundo de aquellos que son adaptativos, que indican situaciones demandantes a las que tenemos que dar respuesta, y de aquellos que son injustificados o irracionales, que pueden llevarnos a un estado de activación y tensión tan innecesario como inútil.

Miedos comunes

Los miedos comunes de los profesores, especialmente de aquellos con poca experiencia, pueden agruparse en tres grandes categorías:

  • Miedos relacionados con la calidad de su trabajo.
  • Miedos relacionados con la evaluación de su competencia y su trabajo.
  • Miedos relacionados con los “usuarios” de su trabajo (alumnos, padres).

Es interesante observar que la mayoría de los miedos se pueden encontrar presentes tanto en profesores universitarios como en otros niveles educativos (primaria, secundaria, bachillerato, formación profesional, infantil); hay pocos cuya presencia dependa exclusivamente del nivel educativo que se imparte.

En la primera categoría, la que hemos llamado miedos relacionados con la calidad del trabajo, se incluyen miedos como que los estudiantes pregunten algo que no sepa contestar, que los alumnos no comprendan la clase, que la clase no esté bien preparada (que falte o sobre tiempo, que las actividades preparadas no sean adecuadas…), que los alumnos no aprendan, no conseguir transmitir lo que se desea, miedo a ser aburrido, a no saber motivar a los alumnos, a no conseguir que trabajen bien, miedo a no saber manejar y aprovechar las nuevas tecnologías en clase, miedo a ser injusto al tomar decisiones sobre calificaciones y otras cuestiones relacionadas con el alumnado, o miedo a no estar dando el contenido adecuado para la materia: el más actualizado, el más interesante, el más relevante…

La segunda categoría de miedos (los relacionados con la evaluación de su trabajo) puede incluir el miedo a no ser bien valorado por los alumnos, padres o compañeros, a que los alumnos le evalúen negativamente en la encuesta anual al profesorado (universitario), a que peligre su puesto de trabajo o su carrera docente, miedo a parecer incompetente ante compañeros y superiores, a no ser apreciado por los alumnos o compañeros, miedo escénico, nervios por hablar en público, miedo a equivocarse al hablar o quedarse en blanco… Es importante destacar el miedo a parecer incompetente, ya que este miedo, uno de los más frecuentes, suele llevar al profesor a no compartir o comunicar sus problemas y dificultades con compañeros y superiores, lo que aumenta la sensación de agobio, incompetencia y soledad. Algunas de las propuestas más novedosas para la prevención del estrés y burnout profesional sugieren la creación de la figura de “tutores” o “mentores” para los profesores más jóvenes, de forma que puedan acudir a ellos a pedir consejo u orientación.

En la tercera categoría, miedos relacionados con el comportamiento de los “usuarios” de su trabajo, encontraríamos el miedo a que los alumnos muestren conductas disruptivas o problemas de comportamiento en clase que no sepa manejar, miedo a no poder mantener una dinámica adecuada en clase: conseguir atención, buen comportamiento, etc., miedo a tener algún problema con alumnos, padres o compañeros que suponga sanción o reprobación, miedo a no conseguir el respeto de alumnos, padres, compañeros y superiores o miedo a no estar integrado en el grupo de compañeros o en el equipo de trabajo.

Origen de los miedos docentes

Con la descripción de los miedos más comunes que acabamos de mencionar es suficiente para darnos cuenta de que pueden estar presentes en el profesor miedos “racionales” y miedos “irracionales”. Los miedos racionales son aquellos que tienen una base o un fundamento en datos de la realidad y señalan, por tanto, una situación problemática real o probable. Es decir, el profesor hace bien en estar preo cupado, y el miedo le indica que debe emprender una acción para neutralizar el peligro. Los miedos irracionales, sin embargo, no se basan en los datos objetivos de la experiencia del profesor (en ocasiones incluso se mantienen “a pesar” de ellos) y no tienen ninguna función o utilidad adaptativa.

Por ejemplo, el profesor que tiene miedo o le preocupa no estar dando un contenido actualizado y relevante en su asignatura debería reflexionar sobre la preparación de la misma; si realmente está manteniendo unos contenidos “antiguos” y hace tiempo que no renueva su asignatura, sería adecuado que dedicara a ello un tiempo y tomara medidas para evitar que sus contenidos acaben siendo irrelevantes; en este caso el problema no sería el miedo o la preocupación, sino la falta de actualización que el miedo señala. Pero si es el caso de un profesor que tiene ese mismo miedo, y revisando su preparación y dedicación a la asignatura resulta que dedica varias horas a la semana a leer las últimas informaciones y estar actualizado en el campo, pero siempre le parece insuficiente y siempre se siente inseguro (porque es imposible leerlotodo), estaríamos hablando de un miedo “irracional” que tiene un origen distinto a la evaluación de los datos de la realidad.

Otro ejemplo puede también ayudarnos a entender esta distinción entre miedos racionales e irracionales. El miedo a la indisciplina, los comportamientos disruptivos o las faltas de respeto de los alumnos es común en docentes de todos los niveles educativos (aunque más frecuente en secundaria). Pero no tiene el mismo significado la presencia de ese miedo en un profesor que se enfrenta cada día a burlas, agresiones o insultos por parte de sus alumnos y no sabe cómo manejarlos o no se siente apoyado por su institución para ejercer una cierta autoridad, que la presencia de ese miedo en un
profesor que considera inaceptable cualquier mínima desviación de sus normas de comportamiento y sanciona todos los comportamientos que se alejan de ellas (por ejemplo, que el pupitre no esté en perfecta línea recta respecto a los de su fila).

Es decir, no es el contenido del miedo en sí, sino su adecuación y proporción con la realidad que cada profesor vive, lo que determina que sea preocupante su presencia. Como dijimos en la introducción, el problema empieza cuando reaccionamos con miedo a situaciones que interpretamos como peligrosas cuando en realidad son inofensivas, o cuando reaccionamos a situaciones levemente peligrosas con un miedo de intensidad desproporcionada.

El objetivo del trabajo sobre los miedos en general no es su eliminación, sino su ajuste y su control. Es decir, mantener los miedos racionales mientras nos sirvan de aviso y de impulso para la acción, e intentar eliminar o minimizar los miedos irracionales, tan perjudiciales como inútiles.

El trabajo sobre los miedos irracionales

Una gran mayoría de los miedos irracionales tienen su origen en el mantenimiento de creencias, ideas, exigencias o pensamientos irracionales. Como dijo Epicteto: “El hombre no se perturba por causa de las cosas, sino por la interpretación que hace de ellas”. Es el significado que le damos a esa “situación temida” el que la hace temible.

Por ejemplo, no saber responder a una pregunta de un alumno puede ser interpretado de forma muy distinta; en un caso el profesor puede pensar que no está obligado a saberlo todo y que entra dentro de lo aceptable que haya algo que no sepa, y que no pasa nada por buscar la respuesta y dársela al alumno otro día. Este profesor no tendrá entre sus miedos el miedo a no saber responder, porque no le parece una situación temible ni amenazante. Sin embargo, otro profesor puede pensar que es horrible no saber responder, porque eso quiere decir que es incompetente o que no es buen profesor; si nos paramos a buscar el origen de esta interpretación, probablemente encontremos en este profesor una de las ideas irracionales más comunes en las personas de nuestra sociedad según el psicólogo Albert Ellis: “para ser considerado valioso o competente tengo que hacer bien todo o no cometer ni un error”, o “cometer un error es horrible e inaceptable y cuestiona mi valor como profesional”.

Existen creencias irracionales habituales en los profesores que correlacionan directamente con el estrés, por ejemplo las creencias de inadecuación (mantener un nivel de exigencia demasiado elevado sobre las propias actuaciones, creer que cometer errores o ser valorado negativamente por parte de los demás es horrible y le convierte a uno necesariamente en un fracaso, etc.), las creencias sobre las razones del comportamiento de los alumnos (interpretar los comportamientos disruptivos como provocaciones, como consecuencia de la propia incapacidad o de factores relacionados con el profesor genera emociones muy distintas a cuando se interpretan como consecuencia de problemas de los propios alumnos) y creencias relacionadas con una baja tolerancia a la frustración (creer que la labor docente debería ser fácil y exigir poco esfuerzo y trabajo por parte del profesor, o centrarse continuamente en lo que debería ser y no es, lo que debería pasar y no pasa, evaluando la realidad comparándola con una visión idealizada del mundo docente).

Como vemos, mantener una creencia u otra marca grandes diferencias en nuestra reacción y nuestras emociones. Normalmente no nos paramos a pensar en cuáles son las creencias o las presuposiciones básicas desde las que nos enfrentamos a la vida o a nuestro trabajo; el ejercicio de hacerlas explícitas y cuestionarlas es de gran ayuda para aprender a situarnos con más tranquilidad ante determinadas situaciones y a controlar mejor nuestras emociones. (Un truco: podemos empezar a revisar nuestras frases o pensamientos que empiezan por “Debería…”, muchas veces son sobre-exigencias autoimpuestas que sólo generan presión y agobio y no nos ayudan a trabajar con serenidad). Desafortunadamente, la formación académica del profesorado no suele incluir ningún tipo de preparación psicológica, ni herramienta alguna de autoconocimiento personal, por lo que los docentes suelen carecer de los recursos y habilidades necesarios para poder hacer frente a las exigencias y a las demandas que su labor docente les plantea día a día. ©

REFERENCIAS

De la Cruz, M. A. y Urdiales, M. C. (1996). Estrés del profesor universitario. Ansiedad y Estrés, 2 (2-3), 261-282.
Flores, M. D. y Fernández-Castro, J. (2004). Creencias de los profesores y estrés docente en función de la experiencia profesional. Estudios de Psicología, 25 (3), 343-357.
Manas, I., Franco, C. y Justo, E. (2011). Reducción de los niveles de estrés docente y los días de baja laboral por enfermedad en profesores de Educación Secundaria Obligatoria a través de un programa de entrenamiento en Mindfulness. Clínica y Salud, 22(2), 121-137.
Pinya, C. y Roselló, M.R. (2010). La inserción profesional del docente novel universitario. II Congreso Internacional sobre profesorado principiante e inserción profesional a la docencia. Buenos Aires, Argentina.
Vera, J. (1988). El profesorado principiante (las dificultades de los profesores en los primeros años de trabajo en la enseñanza). Valencia: Promolibro.


María Prieto Ursúa

Facultad de Ciencias Humanas y Sociales - Universidad Pontífica Comillas


 

 

Repaso a nuestros miedos

Repaso a nuestros miedos

¿Qué es el miedo? ¿Cuál es su origen? ¿Son diferentes los miedos de la mujer y del hombre? La construcción social del miedo; El miedo en niños y adolescentes; El miedo desde la perspectiva de la fe; Miedo y pobreza; Miedo y vejez; El cine y el miedo; Miedos cotidianos; El miedo a la muerte, al fin del mundo... En éste monográfico trataremos de dar respuestas a los interrogantes y tratar el miedo desde todas las vertientes.


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