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Imaginar y construir la educación

Escrito por: Margarita Bartolomé Pina
Noviembre - Diciembre 2012

Aportaciones desde Pedro Poveda

A Poveda alguien le llamó proyectista. Otros pudieron etiquetarle como soñador. Tiempos de cambio los vividos por él. Crispados. Con deseos por parte de algunos, de una sociedad distinta, incorporada al camino modernizador emprendido por otras naciones. Una sociedad más justa, buscada por otros, desde situaciones insostenibles de desigualdad. Una sociedad que no podía perder sus raíces cristianas, su identidad propia, construida a lo largo de siglos. ¿Qué camino era preciso recorrer para dar respuesta a tantas necesidades, para enfrentarse a tantos desafíos? ¿Desde dónde?

En los últimos años del XIX y el primer tercio del XX, se pensaba y defendía el puesto de la educación como vía privilegiada para el cambio social. Por eso había que pensarla de nuevo. Imaginar nuevas formas de hacerla. El problema de la regeneración de España –afirmaba Costa– es pedagógico tanto o más que económico y financiero y requiere una transformación profunda de la educación nacional1.

Y a esto se dedicó Poveda. Su mirada serena, y al tiempo apasionada a la realidad de su tiempo, le llevó a estudiar, a profundizar en cómo se ocuparon los que hoy van a la cabeza de este movimiento pedagógico en formar a los maestros, para que ellos después formaran discípulos2. Pero, desde un principio, entendía que no puede plagiarse ningún camino, por interesante que sea. Hay que imaginar, sí, desde la realidad concreta vivida, avanzarse al presente, porque el sueño forma parte indisoluble del cambio educativo y social. Y crear espacios para que ese proyecto pedagógico pueda llevarse a cabo y se transforme poco a poco, en fuente de nuevos aprendizajes. Nada enseña tanto como el libro vivo de las Academias afirmaba con rotundidad3, pocos años después de haber escrito sus “Proyectos pedagógicos” y de haberlos comenzado a poner en práctica, “inventando” un modelo nuevo de institución educativa que diera respuesta a las necesidades formativas del profesorado.

A lo largo de su vida se le presentaron situaciones nuevas que reclamaron su atención primero y la búsqueda de caminos para responder a esos retos después: el acceso de las clases populares a la educación; la necesidad de una presencia cualificada de los cristianos en las Instituciones del Estado y, en especial, en la enseñanza pública; la búsqueda de la unión de los católicos para apoyar esos planes; la conciencia progresiva de la mujer para desempeñar nuevos roles en la sociedad y que exigían una formación profesional y cultural mucho más profunda; el saber articular en la vida la fe y la ciencia. La primera clave pedagógica de Poveda se halla en su manera de responder a todos esos desafíos, en el proceso. Porque la construcción de la educación es una tarea compleja. Supone sí, imaginar, soñar, proyectar, desde una observación atenta de la realidad en la que estamos inmersos y desde un estudio comprometido y serio; pero también compartir nuestros sueños; planificar una acción; ponerla en práctica; compartir los resultados y aprender de la experiencia.

Vivimos hoy un cambio de época. La frase se repite sin que muchos sepan o sepamos a ciencia cierta en qué nos está afectando. Aunque lo que más se ponga de relieve a nuestra conciencia sea la crisis económica, de alcance y duración impredecible, otros elementos importantes describen y expresan ese cambio. Sabemos que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se están convirtiendo en una nueva forma de crear cultura. Tenemos formas alternativas de pensar y aprender. Y hay formas nuevas de sentir y expresar la propia identidad.4 Pero en este mundo superdesarrollado en algunas cosas y tan frágil y pobre en otras, los valores también han cambiado y, sobre todo, se han vuelto inestables y contradictorios con las prioridades reales de la gente. Porque –como nos recuerdan muchos analistas actuales– la crisis que estamos viviendo no es sólo económica. Es una crisis que pone en cuestión nuestros valores, nuestra cultura y nuestros comportamientos personales. Afecta al medio ambiente y al desarrollo energético. Nos obliga a repensar de nuevo la democracia y las responsabilidades y derechos ciudadanos en un mundo global. Para Morin5, es una crisis de humanidad que nos sumerge en la incertidumbre, ya que conlleva, a partir de ahora y a la vez, la posibilidad de una destrucción de la humanidad y la de un progreso decisivo de esta y, entre estas dos posibilidades, todas las mezclas posibles.

¿Qué sueño, qué proyecto educativo nos permitiría avanzar hoy hacia esa humanidad planetaria que ha asumido la responsabilidad de no destruirse a sí misma? ¿Qué nos ayudaría a crecer en la nueva cultura, en el nuevo tejido de relaciones sociales, en la búsqueda de sentido para la vida que nos ha sido regalada a todos, y vive, a pesar de tantos medios, la amenaza de su fragilidad? Urge descubrir, inventar, probar nuevas respuestas. Porque ahora es el momento oportuno, como nos recuerda Poveda, el único que tenemos para responder a todos estos desafíos.

Certezas para la búsqueda: otra educación es posible

En tiempos de incertidumbre no se pueden construir hojas de ruta muy completas y detalladas. Pero sí podemos estimularnos desde algunas claves que nos permitan avanzar. Se hace precisa pues una educación que despierte o suscite un nuevo proceso de humanización. Y en esa búsqueda, algunas de las claves del humanismo pedagógico de Poveda pueden realmente ayudarnos. Él enfrentó los problemas de su tiempo devolviendo a las personas el sentido de su propia existencia, la razón por la que debían trabajar y luchar. Desde la propuesta pedagógica de Poveda la fuerza de toda transformación personal y social brota de nuestro interior. La búsqueda de nuestra humanidad, la manera de entender y orientar nuestra vida, la fuente de energía que da sentido al quehacer educativo, todo ello está dentro de nosotros. Una vida profundamente humana, porque ha dejado de centrarse en sí misma para abrirse a Alguien que nos trasciende y nos regala lo que Él es: Amor. Para los creyentes, esa Energía que lleva a los seres humanos a darse y dar lo mejor de sí mismos, tiene un nombre concreto: Dios. Pero un Dios que ha tomado carne en nuestra tierra y comprende y se compromete en nuestra pequeña y grande historia.

Precisamente porque parte de ese humanismo cristiano7, la pedagogía de Poveda adquiere fuerza transformadora. Y es que ese movimiento hacia el interior, si es auténtico, nos impulsa irresistiblemente hacia cuanto nos rodea y nos compromete en su transformación y mejora. Es la palanca del cambio, tan buscada por nuestros contemporáneos. Pero ¿qué priorizamos cambiar? Sin duda habrá que cambiar los sistemas educativos, para que que todas las personas, desde situaciones y características tan plurales, puedan acceder a ellos; los métodos y procedimientos, porque los nuevos modos de acceder al conocimiento y las nuevas culturas suponen maneras distintas de aprender, más inclusivas y cooperativas para los “nativos digitales”, más críticas para aprender a seleccionar y leer la información que se acumula por doquier, para aprender a “desaprender” lo que no nos es válido; las herramientas de trabajo, en la era Internet. Y como la educación dura toda la vida y todos somos a la vez educadores y educandos, esa búsqueda y ese compromiso formativo no acaban nunca, son permanentes.

Pero existe un elemento clave cuyo cambio es esencial si deseamos avanzar en el deseado proceso de humanización: el cambio en el entramado denso de las relaciones humanas que vamos construyendo a lo largo de la vida. En esas relaciones se llevan a cabo los procesos educativos ya que en ellas nos realizamos como personas y construimos nuestra propia identidad personal y social. Algunas de las dimensiones que debieran incorporarse a ese cambio relacional son: el respeto que nos sitúa ante los desconocidos con una actitud básica de reconocimiento de su propia dignidad; la ternura, que descubre el valor precioso de cada vida pero también su fragilidad, la necesidad que tenemos de tener cerca personas capaces de hacer emerger lo mejor de nosotros mismos, de compartir lazos que nos unen y que prefieren el gesto acogedor al poder y la venganza; la solidaridad y la justicia social, como binomio inseparable y finalmente, el amor que se comunica8.

Yo os pido un sistema nuevo: un nuevo método, unos procedimientos tan nuevos como antiguos inspirados en el amor.
Pedro Poveda9

Poveda propuso muy pronto el amor como uno de los rasgos identitarios de las Academias teresianas. Lo vinculó a la comunicación entre las personas que participaban en ellas, formando, a través de la revista10 que las unía(actualmente la revista Crítica), una red intensa de intercambio de experiencias, de saberes, de noticias, de vida. También buscó la creación de ambientes acogedores en esos centros, donde se diera, en un clima familiar y cercano, esa comunicación libre que hace posible el crecimiento de cada uno. Y articuló ese crecimiento personal con el compromiso social, incorporado como dimensión clave en la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.

Hoy día, cuando se habla de construir procesos humanizadores, se alude con frecuencia a crear dinámicas de relación entre instituciones y personas, diálogos que superan la existencia de diversos códigos culturales y que no se agotan, aunque las incluyan, en las redes sociales o en las redes de aprendizaje, porque reconocen el poder de los vínculos cercanos, como un apoyo insustituible a la persona. Grupos también capaces de resistir las corrientes dominantes del poder instituido para apostar por un mundo más fraterno y justo.

¡Si os unierais!

A Poveda le gustaba construir el futuro… en compañía. Porque se pueden escribir muchísimas cosas desde la soledad de un despacho, pero entusiasmar a la gente para realizar un proyecto, por pequeño que sea, únicamente se puede hacer desde un grupo dispuesto a llevarlo a cabo. Y los proyectos por los que luchó se iniciaban siempre con personas que creían en ellos: la construcción de escuelas en las cuevas de Guadix, la creación de las Academias y de los Centros Pedagógicos, la Federación de maestros y maestras a nivel nacional, la puesta en marcha de una revista que vinculara a profesoras y alumnas de las nuevas instituciones, los nuevos centros de convivencia universitaria, la presencia cualificada en congresos y asociaciones, allí donde se crea pensamiento y se descubren formas nuevas de actuar, la fundación de la Institución Teresiana, asociación de laicos en la Iglesia, dispuesta a desarrollar todos los proyectos povedanos en distintos países, con la fuerza de su carisma… Era el diálogo –ya lo hemos dicho– el camino más importante. El diálogo y la confianza en las personas. ¿Quién no se ha sentido alguna vez mucho más capaz de lo que pensaba, porque alguien confió en sus posibilidades? La clave de la unión se entiende desde ahí.

Quizá alguien, después de la lectura de las líneas precedentes pensará: ¿Podremos conseguir todo lo dicho? ¿Hoy? ¿Ahora? Poveda, con la audacia que le caracterizaba, seguramente nos volvería a recordar: Sí, ¿Cómo? Uniéndonos sin prejuicios, con buena voluntad, sin recelos, con esperanza, con ilusión; y, sobre todo, no dando por fracasado lo que aún no se ensayó.11©

1. Costa, J. (1889) Escuela y despensa. El actual problema de España y la liga nacional, 1889. En: Maestro, escuela y patria, Madrid, Biblioteca Costa, 1916. p. 71.
2. Poveda. P. (1913) Alrededor de un proyecto. Artículos recopilados por F. Martínez Baeza. Linares, Imp. San José. 1913. p. 26.
3. Poveda. P. (1916) La vida de familia en los internados. Normas para el Internado de Jaén. Texto inédito. 1916.
4. Marín, M.A. (2012) Nuevos protagonistas, nuevas identidades. en Congreso Educa2011. Otra educación es posible. Madrid: Narcea, pp 45-72.
5. Morin, E. (2011) Hacia dónde va el mundo. Barcelona Paidós, p. 25.
6. Poveda, P. (1912) “Es el momento oportuno” en La Enseñanza Católica de Madrid, Año II, núm. 51 pp 2-4.
7. Galino, M. A. (Coord) (2000) Humanismo pedagógico de Pedro Poveda. Algunas dimensiones. Madrid: Narcea.
8. Bartolomé, M. (2012) Alrededor de un proyecto. Otra educación es posible. en Congreso Educa2011. ob.cit. pp. 17-43.
9. Poveda, P. (1932) “Daos sin reservas” en P. Poveda. Obras. Creí por esto hablé. Vol. I. [378] p. 1039. En Galino, M. A. (1964) Itinerario Pedagógico. Madrid: C.S.I.C. aparece datado este texto en 1915, bajo el título: Amor, p. 307.
10. Este Boletín, iniciado en Linares en 1913, pasó por sucesivas etapas. Actualmente la revista Crítica es heredera directa de aquellos primeros boletines.
11. Poveda, P. (1912) Proyecto sencillo de gran transcendencia. La Enseñanza Católica de Madrid. Año II, núm. 49, pp.2-3.


Margarita Bartolomé Pina

Investigadora en educación orientada al cambio


 

 

Hacía dónde va la educación

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Número que analiza el estado de nuestro sistema educativo actual, así como abre una serie de interrogantes en torno a la metodología, los retos de los nuevos educadores, los nuevos entornos y tecnologías, el éxito en el aprendizaje, formación y retos del profesor del futuro, entre otros.


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