Hoy es especialmente importante el papel de la televisión pública en el supermercado televisivo. Para ello, es necesario definir qué se entiende por servicio público y cuál es una programación de calidad. Necesitamos una televisión que fomente los valores constitucionales y sea para todos; que afronte con seriedad la calidad de la información, su punto más vulnerable y donde radica, sin duda, su actual desprestigio. Hecha por profesionales que comprendan que sus dependencias oficiales son menores que su responsabilidad con todos, por lo tanto sin instrumentalizar el medio en beneficio de nadie.