El hambre hoy, nos escupe en la cara, es éticamente inaceptable, irracional y vergonzosa. Cada pueblo, cada gobierno, cada ser humano es responsable de su erradicación porque como dice Jean Ziegler, comisionado de Naciones Unidas para el derecho a la alimentación: “Las hecatombes del hambre no son productos de la casualidad, sino de un verdadero genocidio. Por cada víctima de hambre existe un asesino”.